Palestina, tierra de los olivos

En la tierra de los olivos es el título de un libro de Sumaya F. Naser, publicado hace algunos años, pero aún muy actual para entender el conflicto entre Israel y Palestina y los trabajos por la paz de mujeres palestinas e israelíes.

El título hace referencia a la importancia de estos árboles para la economía de Palestina. Arrancar olivos es ilegal. Sin embargo, olivares enteros (10.000 desde septiembre del 2000 hasta el 2002) son destruidos por excavadoras y tractores del ejército israelí o los colonos, para establecer nuevos asentamientos. Además, debido a los numerosos controles y muros que rodean todas las ciudades y pueblos, los campesinos no pueden acceder a sus tierras para recolectar la cosecha, con las consiguientes pérdidas económicas.

¿Pero cómo son estos controles o checkpoints? Sumaya nos cuenta que estos controles se erigen en los cruces de carreteras palestinas con las de los colonos y que son exhaustivos. Ella cuenta cómo una vez iba con cuatro hombres en un taxi colectivo hacia el trabajo. Un soldado les mandó detenerse y comenzó preguntando a un hombre si estaba casado, por qué no estaba casado, por qué no tenía dinero, por qué no tenía tiempo y qué hacía entonces durante todo el día. Preguntas todas llenas de desprecio. Sumaya se puso delante del soldado y le preguntó si él estaba casado y por qué le preguntaba al hombre si estaba casado, ya que cada persona tiene el derecho de decidir sobre este asunto. Otro día iba con su marido y su hija en coche, pero a la vuelta ya no podían circular los coches. Un hombre joven dio un empujón al soldado con la mano y el soldado le apuntó con el fusil. Sumaya se puso en medio y le dijo: “Quiero protegerte. Tienes un arma, pero percibo tu miedo. Podrías ser mi hijo, ¡no quiero que te conviertas en un asesino!” Otro soldado que había presenciado la escena se llevó a su compañero.

Los controles impiden un desarrollo normal de la vida y del tiempo. Si para ir al trabajo se tarda media hora sin controles, con ellos puede tardar dos horas. Otras veces les hacen bajar de los autobuses y caminar con sus bultos y maletas, no por la carretera sino por caminos a veces tortuosos. Y si la gente se pone nerviosa y se atropellan usan gases lacrimógenos.

La autora nos cuenta cómo dos grupos de mujeres, unas palestinas y otras israelíes, decidieron sumar esfuerzos y crear The Jerusalem Link, unión del Jerusalem Center for Women, palestino, y el Bat Shalom, israelí, un proyecto que pretendía acercar a las dos partes para asentar las bases de la convivencia y la paz. La unión de estos dos centros de mujeres dio lugar a Mujeres de Negro

Para estas pacifistas era importante convencer a la gente de ambos lados de la necesidad del trabajo conjunto. Para ello estaban formadas en la resolución de conflictos a través del diálogo, el debate y los compromisos en beneficio de la paz y la justicia. No fue fácil y tuvieron que aceptar que había dos narraciones diferentes de los hechos. Las israelíes no se daban cuenta de lo que suponían los controles diarios, la ocupación y la destrucción de casas y olivos. Tuvieron que realizar un trabajo paciente de reflexión, hablando de sus malestares, sus dolores y emociones, a través de cartas escritas de una y otra parte, entre Sumaya y Gila, para calmar su rabia y reforzar su amistad al conocer las diversas situaciones que vivían unas y otras. Sus discusiones han sido a veces dolorosas, pero “siempre han puesto por encima una visión común de paz. Si hubiera dependido de nosotras hace ya mucho tiempo que hubiésemos hecho un acuerdo de paz que zanjara las cuestiones difíciles entre nosotras Nos negamos a seguir con el miedo. Nos negamos a entregarnos a la violencia. Nos negamos a ser enemigas.[1]

¿Pero qué se enseña en las escuelas? En todas, incluidas las palestinas, el material docente está controlado por el ministerio israelí. La cultura e historia palestinas y árabes apenas aparecen y tampoco en los libros de historia. Por tanto, la identidad nacional palestina es silenciada y la historia e identidad judía ocupan el centro del currículo, negando así la multiculturalidad y las minorías. Por eso Sumaya subraya la importancia de conquistar a la gente joven para trabajar en favor de la paz, transmitiéndoles las herramientas del diálogo y la cultura del debate, a la vez que puedan ir adquiriendo una comprensión de la historia de las dos partes, que incluya también la historia del sufrimiento de los judíos, y a estos que adquieran la historia palestina.

Termina el libro haciendo un llamamiento a la necesidad de “una intervención internacional que contribuya a hacer entrar en razón a las dos partes. Los ataques a civiles y matar a las personas son delitos que nunca deben aceptarse ni justificarse. Este círculo vicioso debe romperse de inmediato…Debemos salvaguardar nuestra humanidad y recuperar la razón.[2]

Hoy más que nunca, ante esta lógica binaria de amigo -enemigo, o estás conmigo o estás contra mí, necesitamos unir esfuerzos y compromisos internacionales para acabar con este genocidio. Todos los gobiernos y todas las personas lo hemos visto y somos responsables de pararlo ya.

Lean, lean el libro.


[1] Nos negamos a ser enemigas. Sumaya Farhat-Naser y Gila Svirsky. Publicado en mujer-palabra.net en octubre 2006. Traducción: Leonor Taboada, Red de Mujeres de Negro contra la guerra.

[2] Sumaya Farhat-Naser. En la tierra de los olivos. Una historia de mujeres por la paz.. Grup Editorial 62, S.L.U.,El Aleph Editores, Barcelona 2006

Charo Altable Vicario

Profesora jubilada, experta en Coeducación emocional y sexual, Terapeuta y escritora. Mujeres por la salud y la Paz. Mujer de Negro. Associació per la Coeducació de Valencia.

Profesora y Terapeuta. Escritora.
Associació per la Coeducació. (Valencia)