Historias clínicas de salud mental. Resistencias
En el proceso de un análisis siempre hay resistencias, desde el inicio hasta el final, cuando la persona ya no necesita mantener ese equilibrio falso de su aparato psíquico.
En su definición más amplia, las resistencias, vendrían a ser todas aquellas fuerzas que se oponen al objetivo del análisis o sea romper la represión y recuperar los contenidos inconscientes que dificultan la vida de la persona. Las resistencias actúan siempre, dificultando los procesos que se ponen en marcha en el curso del análisis. Se expresan de manera muy diversa, como no poder asociar libremente, realizar un “acting”, o mantener ciertas conductas durante las sesiones, como puede ser dormirse. Toda una amplia variedad de señales que tengo muy en cuenta para identificar esas resistencias.
Se puede utilizar otra definición más restringida: serían esos momentos en los que la resistencia se hace muy evidente porque hay una situación que está posibilitando la emergencia del inconsciente. Una situación conflictiva que hay que resolver.
Es en esta definición más específica, en dónde sitúo esta viñeta clínica.
En concreto la de una mujer a la que voy a llamar L.
La resistencia de L. en un momento concreto de su análisis, se concreta en dos aspectos o quizás sería más exacto decir una sola resistencia con dos líneas:
1.- La aceptación de algo que para ella era inaceptable respecto a su padre: que no la quería y que era un sádico con ella.
¿Qué tengo que hacer yo con esa resistencia? Pensé que iba a cuestionarle su inaceptabilidad. Por ejemplo:
—Esto que has recordado es inaceptable para ti. No puedes aceptarlo. ¿Es muy doloroso?, ¿qué te ocurre para no poder aceptarlo?
Es un paso muy difícil para ella y necesitará sentirse acompañada y tener la seguridad de que voy a estar a su lado en toda la trayectoria. Se lo digo.
—Sí, es doloroso pensar que tu padre no te quiso ¿es eso?
2.- El otro lado de la resistencia tiene que ver con esa posición de miedosa en la que la puso el padre, en la que ella está instalada y de la que le da mucho miedo salir, ya que caería como objeto fálico paterno (o sea, haría un cambio en la forma en que el padre es visto y experimentado en la dinámica familiar y en la suya propia). Ahí también hay que trabajar y cuestionar.
—¿Estás segura de que eres tan miedosa? Yo no creo que seas tan miedosa.
Además de estos dos cuestionamientos, no voy a dejarle, en esta ocasión, entrar en sus fantasías, sean del tipo que sean, ya que van a funcionar como defensas contra los hechos reales, sus vivencias reales.
Es importante para ella no idealizar al padre.
La estrategia de disolver la resistencia, conlleva la utilización de todas estas tácticas.
Finalmente, contribuyó a esa disolución el momento en que le fue posible responder a mi propuesta de decirle al padre todo aquello que nunca pudo decirle y ejercer esa labor de no idealizarlo.
Logró cumplir dos objetivos encadenados: en cuanto no tuvo que dedicar tanto trabajo en mantener ese ideal, también modificó su posición ‘de miedosa’.
Cuando pienso en esta viñeta imagino a L. manteniendo una pesadísima estatua de su padre, siempre con miedo a caerse y que la estatua se rompiera. ¡Hay que dedicarle mucha energía y mucho trabajo a esta tarea! Una vez dejó caer la estatua, la liberación fue enorme: desapareció el peso, su manera de andar por la vida, liberó energía para dedicarla a otras cosas… y el miedo se esfumó.