Violencia de género, de lo colectivo a lo individual
LA VIOLENCIA DE GÉNERO, UN PROBLEMA DE SALUD PÚBLICA
En España, en 2024 han sido 35 las mujeres víctimas mortales, 1.279 muertes desde el 2003 hasta día de hoy. En 2024 han sido 10 los menores de edad víctimas mortales, 63 asesinatos desde el 2013 hasta día de hoy (1).
La violencia de género atraviesa a todas las mujeres, en diferentes posiciones y etapas vitales. Antaño eran cosas de lo privado; la feminista Carol Hanisch manifestó en 1970 que lo “personal es político”, y por lo tanto no son hechos separados o recluidos en lo que ocurre en el adentro. Centrándonos en la violencia machista y en los incesantes asesinatos de mujeres (por sus parejas hombre) -también llamados feminicidios,- porque matan a las mujeres por el hecho de ser mujeres y también a sus hijos, se trata de un grave problema de lo masculino, -no de todos los hombres-, pero sí de la masculinidad actual y, en consecuencia, de la sociedad que es habitada por el machismo. Las raíces de este problema, el cual no es de las mujeres pero sí que impacta directamente en nuestra salud y en nuestros procesos vitales, en la salud de las hijas e hijos y en la misma sociedad, hay que buscarlo en la raíz: cómo hemos sido educadas y socializadas mujeres y hombres; las prácticas parentales, los patrones vinculares infantiles (2), haber presenciado o haber sufrido maltrato en la niñez y adolescencia; abusos sexuales en la niñez pueden provocar en los hombres, comisión, y padecimiento por parte de las mujeres; en los roles familiares y las obligaciones que el patriarcado nos ha impuesto a nosotras subordinándonos al orden masculino, en detrimento del orden simbólico de la madre (3).
La violencia de género (física, sexual y psicológica) y las agresiones sexuales provocan graves problemas de salud en las mujeres a corto y largo plazo, afectando también al bienestar de sus hijos, además de generar altos costes sociales y económicos para ellas, sus familias y para la sociedad. El impacto de la violencia de género en las mujeres puede conllevar consecuencias mortales, como el homicidio o el suicidio, lesiones, embarazos no deseados, abortos provocados, infecciones de transmisión sexual (por ejemplo el VIH), abortos involuntarios durante el embarazo, muertes fetales, partos prematuros, bebés con bajo peso al nacer, depresión, estrés postraumático, trastornos de la ansiedad y de la conducta alimentaria, intentos de suicidio, cefaleas, síndrome de colon irritable, síndromes de dolor crónico (de espalda, abdominal, pélvico), limitaciones, percepción de baja salud,…
MIREIA, SOL Y MARIAM. VIOLENCIAS HACIA UNA, VIOLENCIA HACIA TODAS
Para comprender la violencia, lo haremos a través del modelo ecológico (4) con la descripción, a través de la historia de tres mujeres, de los factores de vulnerabilidad: biológicos, sociales, culturales y económicos que aumentan el riesgo de violencia masculina dentro de la pareja, una profunda violación de los derechos humanos. Es importante comprender los contextos de discriminaciones sistemáticas, referidos al sistema de género imperante y que remiten a una situación estructural e institucional y a factores socioculturales, familiares e individuales enraizados en creencias de todas las sociedades, y que se respaldan en la inferioridad y subordinación de las mujeres, y la supremacía y poder de los varones. A su vez, veremos cómo ha respondido cada una de estas tres mujeres contra la violencia experimentada, identificando los factores protectores: hacer frente a la agresión, denunciarla y pedir ayuda, o abandonar el espacio de la agresión, tres caminos muy difíciles de tomar para una mujer maltratada y, en la mayoría de los casos, aislada.
Mireia tiene 32 años, funcionaria, natural de Huelva. Ha sufrido violencia física, sexual, económica y, por supuesto, psicológica y emocional. Este sufrimiento se remonta desde que empezó a salir con su entonces novio, ahora ex marido. Tienen un hijo en común de 2 años, fruto de una relación sexual cuando ella no quería el día en que ella le comunicó que quería divorciarse. Este embarazo fue, por tanto, no deseado “¿A dónde vas a ir a vivir, sola como estás en el mundo?”, le dijo él a ella. Y cuando supo que estaba embarazada le espetó: “Si la criatura viene mal, será por tu culpa”. Embarazada y viviéndose en soledad, retiró su decisión de separarse. Mireia vivió su embarazo con mucha ansiedad y ambivalencia y rogaba para que todo fuera bien, aspecto saludable que las gestantes tienen en mente; sin embargo, Mireia pasó por alto la traición hacia su propia persona, y las implicaciones que tenían las palabras de él, las cuales quedaron grabadas para siempre en su corazón… y en la psicosomática de su bebé. Mireia sufrió una terrible depresión y se encontraba entre la espada y la pared para tomar decisiones sobre su propia autonomía económica pues, aun ingresando su nómina, la pareja le controlaba injustificada y excesivamente el dinero, por ejemplo, prohibiéndole extraer dinero del cajero automático. Mientras ella contenía su ira, más él la manifestaba; la escalada de violencia iba en aumento. La disociación es un mecanismo de defensa para separar lo soportable de lo insoportable. Esto último se envía a un rincón dónde no mirar, de manera que pueda suavizarse la vivencia y proporcionar un alivio pasajero para la víctima; sin embargo, esto todavía refuerza más el dominio del agresor. Lo que fue determinante para Mireia fue una discusión provocada por el padre de la criatura, quien la empujó mientras ella acunaba al bebé en sus brazos; sin saber cómo, pudo restablecer el equilibrio sin que ella ni la criatura sufrieran daños; ese momento fue clave para dar por terminada su relación e interpuso demanda de separación, aunque no fue nada fácil para ella tomar la decisión, ya que estaba atemorizada, y su miedo por momentos la superaba a las posibles represalias por parte de él. Hay que tener en cuenta que, durante la tramitación del divorcio, el conflicto se agudiza y aumenta el riesgo de violencia grave. Sin embargo, aquí el miedo por su vida, pero sobre todo por la vida de su criatura, fue un mecanismo activo de afrontamiento pues la aceleraba a la huida y a evitar al agresor. El miedo por las niñas y los niños es lo que, generalmente, empuja a la mujer a dejar la relación de violencia. Mireia necesitaba evitar, de una vez por todas, la exposición del niño al conflicto entre sus padres. Paralelamente, la ambivalencia habitaba su alma; sentía una tristeza tremenda, -emoción complementaria al miedo, – por romper la familia. A partir de aquí, empezó el lento procedimiento del divorcio y las continuas amenazas de él, utilizando a la criatura como instrumento para seguir ejerciendo violencia contra Mireia. Hasta que la justicia no le impuso abandonar la vivienda, el terror reinaba en aquel hogar. El factor de protección de Mireia fue la separación y la acción del Estado a través de la orden de alejamiento. En esta alternativa, el agresor se resiste a perder las obligaciones y servicios, no tolera ser abandonado, y pone todos los obstáculos habidos e inventados para que esto no se produzca. Por suerte, haber opositado y tener una plaza fija le permite a Mireia no vivir bajo el riesgo de pobreza (5) ni de la exclusión social. En este momento, sigue rebelándose y combatiendo, mientras recibe atención especializada para ella y su hijo.
Sol tiene 20 años, estudiante de Bellas Artes, es catalana y ha sufrido violencia psicológica, emocional y digital. Acude a psicoterapia tras una ruptura sentimental. La relación con su exnovio, de tres años de duración, tuvo muchas quiebras y reencuentros. Pasó por muchas fases con confusión, dudas, miedo, estrés, y aislamiento. Sufre una patología de estrés postraumático producida por la relación con este hombre de perfil perverso narcisista. Parece que esta vez es la definitiva. Ella tiene una amiga desde la escuela primaria conocedora de su relación sentimental. Durante los años de instituto había tratado de hacer ver a Sol que la relación que mantenía con su pareja era una relación tóxica de abuso y codependencia emocional (6). Cedió en sus intentos al ver que Sol tenía un “enganche” con su novio y era imposible hacerla entrar en razón, pero la vivencia de Sol es que se sintió presionada a denunciar y se quiso alejar de su amiga; sin embargo, ésta siempre estuvo al tanto de su proceso; Sol normalizaba y justificaba conductas de su novio como la imposición de obtener sus contraseñas de los dispositivos digitales como una señal de amor, más de que control. Y el amor no es control. Su amiga fue la que dio la señal de alarma cuando supo que Sol, por fin, había reunido las fuerzas suficientes para poner punto y final a su relación de pareja; ella conocía también a su agresor e intuía que en ese momento había un real peligro de amenaza a su integridad. Y lo que hizo fue romper el silencio, y la ayudó a hacer que interviniera la justicia. Se sabe que la violencia disminuye de forma importante cuando otros miembros familiares intervienen, así como cuando la mujer tiene autoridad fuera de la familia (7). Éste fue uno de los factores protectores del Sol. Sin embargo, en el momento en que fue llamada a declarar, se abstuvo de hacerlo por las probables consecuencias (condena hacia su exnovio). Una y otra vez, el círculo vicioso volvía a comenzar con las estrategias que él ejercía prolongando el sometimiento al maltrato, la habituación a la continua amenaza en ella, y reforzando en él nuevas conductas violentas. Para liberarse de emociones controladoras de la conducta como la culpa y la vergüenza que la hacían retraer la acción, Sol banalizaba las agresiones vividas debido a la dependencia emocional y a la empatía que sentía hacia el agresor; negaba las agresiones, las reinterpretaba a nivel cognitivo y concluía que siempre había una causa benevolente por parte de él: lo acababa perdonando centrándose en sus aspectos positivos. Un autoengaño que, aunque con graves consecuencias para su salud mental, paradójicamente la hacían mantenerse en la relación traumática durante más tiempo. Fue consciente del control digital, -culpabilizándose de haber compartido sus contraseñas como signo de transparencia-, al percatarse de la pérdida de información. Su privacidad estaba en riesgo, su identidad estaba siendo suplantada y constantemente recibía acoso digital, exigiéndole y en todo momento que demostrara con el geolocalizador dónde se encontraba. Acudió a la psicóloga: “no puedo con mi alma; he decidido dejar de sufrir”. El factor de protección de Sol fue pedir ayuda. Y por suerte, su amiga no apoya el código patriarcal. De poco tiempo hacia aquí, la respuesta legal y social se ha modificado y ha avanzado fomentando que las mujeres denuncien. No obstante, hay que seguir trabajando para despejar dificultades y trabas que faciliten este tránsito y acompañamiento a la víctima. El ámbito sanitario cobra especial relevancia no solo para la detección de la violencia de género, sino para la prevención e intervención.
Mariam tiene 26 años, de nacionalidad iraquí, de religión musulmana, vive en Madrid con su marido y sus cuatro hijos: las tres primeras son niñas, el cuarto es un varón. Ha sufrido y sigue sufriendo violencia psicológica, violencia sexual y violencia religiosa/espiritual. En muchos países árabes sólo se reconoce que eres madre si has tenido hijos varones. Entonces el marido deja de llamarte por tu nombre y te llama “madre de (y el nombre del niño)”. A Mariam la obligaron a casarse con 18 años. Su marido, desde antes de su primer embarazo, la llamaba “madre de (y el nombre de un futuro hijo varón)”. Nunca jamás la reconoció como persona con sus derechos. Vive muy cerca de un centro de recuperación de víctimas de violencia de género. Tiene a su alrededor una red de mujeres iraquíes, cada una sabe lo que ocurre en su casa y en las de las demás; no se puede entender como una falta de sororidad, sino que es un tabú, es decir, no se puede hablar de ello, aunque muchas mujeres viven la misma experiencia. Una amiga de Mariam, que trabaja con mujeres sobrevivientes de violencia de género, la estuvo acompañando durante un tiempo en su proceso de autoconsciencia de la situación en la que vivía; le señaló la excesiva condescendencia y el choque fue brutal. Estuvo a punto de acudir al centro de recuperación. El marido intuyó algo y le impuso de manera autoritaria cortar la relación con su amiga. En Iraq, y por tanto no en todos los países de religión musulmana, las mujeres se pueden separar de sus maridos. Se trata de un hecho cultural que las obliga a dos cosas: a retornar con el padre y a dejar las criaturas con el marido, pues se consideran que son del marido. Muchas mujeres no toman esta decisión porque, aunque no las obligan a permanecer con sus maridos, se quedan en una situación de indefensión total. Hay mujeres que llegan a sobre adaptarse para hacer funcional lo que no funciona, y lo que las violenta, compensando y protegiendo a sus criaturas. Los cuatro hijos que Mariam parió, se gestaron forzando un embarazo para que naciera un varón. El marido no le permite a Mariam ni estudiar ni trabajar. La ha amenazado con enviarla a Irak, país en guerra, si decide separarse de él. Él está utilizando a su favor la norma en su país. Mariam se siente acorralada, la frustración, la impotencia y la pérdida de autoestima que siente son tremendas. Ella no ha podido salir del ciclo de violencia (8). Su manera de actuar contra la violencia es: primero, aprendiendo a nombrar la violencia; segundo, identificando y siendo consciente de la fase del ciclo que está transitando en cada momento: acumulación de tensión – explosión – arrepentimiento/luna de miel – calma; y tercero, resistiendo psicológicamente, pues Mariam sabe que el patriarcado no lo ocupa todo, aunque también sabe que el agotamiento psíquico aparecerá, ahora ya más pronto que tarde, pues es evidente su deterioro psíquico y físico como la pérdida de energía, su dificultad para pensar y concentrarse, su sensación de que da igual lo que haga, pues todo estará mal. El proceso de acoso está establecido. Su ansiedad generalizada, su estado depresivo, y trastornos psicosomáticos como la alteración del ciclo del sueño y del hambre son combatidos con un consumo elevado de psicofármacos, aunque esto no la salvará, a no ser que se marche. A tener muy en cuenta que en situaciones extremas y desesperadas como la de Mariam habría otras salidas de riesgo como el suicidio, las autolesiones o el atentado a la vida de su pareja. El factor protector de Mariam es hacer frente a la agresión preparándose (y, por tanto, transgrediendo la prohibición del marido) para el fortalecimiento de las habilidades de relación con ayuda especializada, así como el cambio de actitudes y creencias. De esta manera, no se siente aislada. Finalmente, otro factor protector es el abandono para librarse urgentemente de la violencia, del miedo y de la culpa, y poder disponer de un espacio propio y de una escuela segura para sus hijas e hijo.
UN RAYO DE SOL: ASUMIENDO LA POTENCIA HUMANA FEMENINA
La salida de la violencia de género la decidimos nosotras:
1) Las mujeres contemporáneas todavía heredamos creencias del patriarcado que operan bajo la culpa más sofisticada creándonos una disgregación en nuestra alma. El sacrificio por los demás, el sostenimiento de las emociones dentro de la familia, el espíritu de abnegación… procuran un “sobre-funcionar” que provocan no pocos conflictos y demasiado cansancio, dolores múltiples, fatiga crónica, fibromialgia, y en ocasiones trastornos de la conducta alimentaria y/o dependencia a substancias tóxicas. Un agotamiento que nos viene de años y años de represión y de abandono de nuestra naturaleza femenina, que es necesario recuperar. La recuperación de la potencia materna, esto es, robustecer nuestra voz a través de un proceso de autoconsciencia para darnos cuenta de cómo nos ha ido pesando el sometimiento y el control por parte del patriarcado.
2) Juntándonos con otras que es dónde “la libertad relacional encuentra en otra vínculo, intercambio y medida”, en palabras de Lia Cigarini. (9). La red es terapéutica en cuanto se comparte lo que ocurre en nuestros hogares y no quedamos aisladas. Ahí es dónde nos sentimos arropadas y nos hacemos escuchar, y es justo cuando se cataliza en un acto político y público. A nivel de prevención de violencia de género, es necesario un trabajo comunitario con población, trabajo grupal con mujeres para su empoderamiento dónde construir lo que Marcela Lagarde denomina como capacidades constructivas (10) para construir resiliencia: desaprender su rol de “ser para otros”, aprender a poner límites, a desarrollar capacidades de defensa propia, autonomía, pertenencia, reconocerse autoridad y darnos el permiso para autorizarnos, pensar en una misma, entre otras.
3) Señalando a quienes ejercen la violencia. A propósito de este señalamiento, y en cuanto a denunciar al agresor, antes de denunciar primero de todo es necesario que la mujer esté siendo acompañada en su recuperación y esté en una fase del proceso para hacer crítica de las familias patriarcales, del abuso recibido y de la supremacía masculina. Todo esto forma parte de las lecciones del dolor y de levantarse tras el horror, deconstruyendo el amor como subordinación y dominio. En segundo lugar, que haya decidido qué y cómo va a hacer en su futuro inmediato para accionar el cambio de su situación. En tercer lugar, la denuncia ha de contar con las ayudas legales, sociales y económicas que protejan a la mujer y a sus criaturas.
Invertir en la propia vida es curarse, un largo proceso de años que suele ser necesario ser acompañado psicoterapéuticamente para poder nombrar la perversión en un entorno seguro y confiado, un lugar dónde: dejar ir y sentirse contenida en la removida emocional que va apareciendo tras colisionar con el sentirse engañada, abusada, estafada y con sentimientos de haber perdido la dignidad, vaciándose de cualquier atisbo de culpabilidad, librándose del sufrimiento y gestionando la vergüenza que produce la indulgencia tenida hacia el agresor. Emociones como la ira aparecerán y ésta, solamente será eficaz cuando la mujer se haya librado del dominio del agresor. Un darse cuenta de lo que ha aprendido tras haber estado sometida, y ajustar sus criterios de interpretación forman parte del proceso de reparación, no haciéndola sentir responsable ni culpable pues la víctima así no progresa, sino que se trata de ir asumiendo su propio sufrimiento. Con el tiempo, éste irá disminuyendo y será el momento de reinterpretar los hechos y reflexionar qué la hizo caer en una relación de este tipo.
Para que nazca un rayo de sol, la víctima ha de volverse a identificar como sujeto tras haber sido tratada como objeto. Ha de volver a existir, es decir, recuperar la esperanza por la propia vida y desarrollar el complejo proceso de la autoestima; una redefinición de sí misma, lo que sí es aceptable y lo que de ninguna manera lo es. La salida de la violencia de género y la recuperación de la salud pasa por dejar de alimentar el patriarcado regalándole nuestra subjetividad, y apropiándonos de ella a través del compromiso con nosotras mismas.
Para concluir, dos mensajes:
Es posible salir de la violencia de género y no tenemos que hacerlo solas. Buscar y aceptar ayuda de otras mujeres y de los servicios que están a nuestro alrededor (11) es vital.
Tenemos todo el derecho de vivir una vida sin violencia ni abuso.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
- Principales cifras de la violencia sobre las mujeres en España: Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género
- Margarita Loubat O., Patricia Ponce N., Patricia Salas M. Estilo de Apego en Mujeres y su Relación con el Fenómeno del Maltrato Conyugal https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-48082007000200002
- Muraro, Luisa y Comunidad filosófica femenina Diótima. https://diotimafilosofe.it/chi-siamo/presentacion/
- Heise et al., 1999; Krug et al., 2002: CDC, 2004. Modelo ecológico para comprender la violencia
- Estudio sobre la relación entre mujer y pobreza vinculado con los objetivos de la red de inclusión social para la dirección general de diversidad familiar y servicios sociales. Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 https://www.mdsocialesa2030.gob.es/derechos-sociales/inclusion/docs/Estudio_FEM_POB.pdf
- Mansukhani, A. Dependencia emocional en violencia de género. Jornadas Nacionales contra la violencia de género, Palma, 2019. https://observatorioviolencia.org/la-influencia-del-tipo-de-apego-en-las-relaciones-de-violencia-de-genero/
- Alberdi I. y Matas N. La violencia doméstica. Informe sobre los malos tratos a mujeres en España. Barcelona: Fundación “La Caixa”; 2002.
- Ciclo de la violencia https://ws097.juntadeandalucia.es/ventanilla/index.php/que-es-la-violencia-de-genero/fases-del-ciclo-de-violencia-de-genero
- Lia Cigarini, Libertad femenina y norma, “DUODA. Revista de Estudios Feministas” 8 (1995) 85-107.
- Lagarde, Marcela. Para mis socias de la vida. Claves feministas para el poderío y autonomía de las mujeres, para los liderazgos entrañables y para las negociaciones en el amor. Ed. Horas y horas, 2005
- Información útil para la mujer y su entorno: cómo detectar y qué hacer – Recursos https://violenciagenero.igualdad.gob.es/informacion/informacionutil/