Mujeres, violencia machista y salud
En este escrito haré algunas pinceladas sobre la situación de muchas mujeres que tienen que lidiar con la violencia machista, la salud y sostenerse en un mundo cada vez más excluyente.
Actualmente, ya no se puede pensar la violencia contra las mujeres como un hecho particular que se daría predominantemente en determinados contextos sociales, en determinadas clases sociales o en determinadas culturas.
La investigación histórica y antropológica muestra que estos elementos culturales de dominación masculina y subordinación femenina siempre existieron. Hubo una denegación de la diferencia sexual, no se aceptó, “la otra”- a la mujer – como alteridad, sino como una oposición y desde siempre fue reservado a la mujer la atribución negativa, la diferencia fue un argumento para someterla.
La antropóloga Rita Segato (2017) al ser indagada en una entrevista sobre cómo terminar la extrema violencia hacia las mujeres, dijo: “Desmontando el mandato de la masculinidad”. Explica que el mandato de la masculinidad genera dominación y violencia. Y aclara que la estructura de la masculinidad, la estructura de género, la estructura del patriarcado, son análogas a la estructura machista.
En sus argumentaciones destaca un significante de su autoría, “dueñidad,” que emplea para referirse a “dueñidad más que desigualdad”, lo llama así “porque hablar de desigualdad es poco, el mundo tiene dueños”.
Esclarece que este significante abarca el uso del cuerpo de las mujeres y queda muy obvio por ejemplo, en la trata, la impunidad en el uso del cuerpo de las mujeres, es un termómetro de esta dueñidad, sería una expresión, un síntoma de un mundo de dueños. En otra entrevista en 2024 sobre este tema dilucida que “hay una congregación, para la cual las mujeres, nuestras reivindicaciones y derechos son el enemigo”.
Sobre la pregunta ¿cómo terminaría el mandato de la masculinidad? nos contesta que podría ser cuando los hombres se den cuenta de que son los primeros esclavos, son sus primeras víctimas, explicándoles cómo de insoportable es su existencia por tener que supeditarse todo el tiempo a la ley “del hermano mayor”.
Mientras esto no ocurra, vamos viendo que la globalización de los mercados y el neoliberalismo y, como razona Segato – la dueñidad -, están produciendo efectos sobre las subjetividades de las/los sujetos que tienen consecuencias en las respuestas particulares que da cada una/o respecto a su subjetividad.
La mujer maltratada no está exenta de este fenómeno, encima tiene que lidiar con los efectos de la violencia que causó daños en su psiquismo, las afectaciones en su cuerpo, el sufrimiento de sus hijas e hijos, su vida laboral y económica dañadas, etc. Y sin poder desvelarlo la mayoría de las veces, pues piensan que son culpables de que no les salga bien, están afectadas también por la “dueñidad, que matiza el discurso dominante”.
Asimismo, es fundamental preguntarse sobre su malestar, para lograr la resignificación de las particularidades inconscientes propias de cada una. Incluso saber ver las afectaciones que vienen del discurso dominante y que las aprisionarán en esta posición, tarea nada fácil, que exige tiempo. También la construcción de recursos subjetivos nuevos, de carácter formativo, para muchas. Todo eso las sorprende en condiciones de desamparo y riesgo de exclusión social.
Respecto a los efectos de esta complejidad, vemos que la suma de la vivencia de la violencia machista y, también los efectos que causa el discurso neoliberal actual en la subjetividad, que aprieta cada vez más, llevan a un estado de doble alerta.
Ya en 2019 comentaba Carmen Gallano, estudiosa de los efectos de la ideología neoliberal en la afectación de la vida psíquica del sujeto, que los fenómenos mórbidos que aparecen en los sufrimientos del sujeto, generan mayores patologías psíquicas por lo insostenible de haber reducido la valía de los seres humanos a ser una mercancía rentable para las empresas, un capital humano a valorizar, un recurso que optimizar, es decir, del que sacar más y más jugo.
Explica la autora que en estas circunstancias la angustia no está subjetivada, por esto retorna en miedos difusos y en somatizaciones. A todo esto, cuando se sobrepasan los límites, son vividas como incapacidad personal. El “estrés” genera insomnios de desasosiego y sobresalto de no poder abandonarse en el sueño. Es una hipervigilancia que no se calma fácilmente con psicofármacos.
La ansiedad, cuando persiste y desborda el cuerpo, deriva en permanente “estrés” e inútil agitación hiperactiva. Por tanto, cuando no se subjetiviza la angustia, ésta se deriva en múltiples somatizaciones erráticas, incluso enfermedades psicosomáticas.
Lo alentador es que, desde nuestra experiencia, el trabajo clínico con el inconsciente es una praxis de subjetivación y elaboración. Esto permite “el rescate”, de este algo que resiste, que no se consume en los sujetos y que puede transformarse en algo inusitado para una/o misma/o.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
GALLANO, C. Krisis hoy. Barcelona: Ed. S&P, 2019.
SEGATO R. “Hablar de desigualdad es poco, el mundo tiene dueños”, 2024, La República. “El cuerpo de las mujeres es un lugar en el que se manifiesta el fracaso del Estado”, 2017, Ctxt.es