Por un futuro sin tóxicos
La Declaración por un futuro sin tóxicos[1] se presentó el día 24 de abril en el Colegio de Periodistas de Barcelona haciendo un llamamiento a las autoridades políticas, medioambientales y sanitarias. Más de 70 personas del mundo de la ciencia y la medicina han suscrito esta declaración que pone de manifiesto la toxicidad de los productos de consumo y sus efectos sobre la salud, así como las demandas a la industria y a las administraciones públicas para que se produzca un cambio de rumbo absolutamente necesario.
La EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) admite que en el mercado de la alimentación hay 248.000 productos químicos y que una persona puede estar expuesta a unos 32.000. El manifiesto recuerda que hay múltiples investigaciones científicas y estudios epidemiológicos que muestran la presencia de sustancias tóxicas en el organismo de prácticamente toda la población. Lo que hace falta señaló Nicolas Olea durante la presentación “es que con la información que en este momento ya se tiene, se tomen medidas políticas y sanitarias, ya que repetir por enésima vez las mismas publicaciones es tirar el dinero”. La mayoría de estas sustancias como los pesticidas, el Bisfenol A, los ftalatos, las sustancias perfluoradas (PFAS), y derivados de los plásticos, actúan en el cuerpo como disruptores endocrinos y afectan a todo el sistema hormonal de la población, pero en especial a las criaturas en fase de gestación, y a las mujeres, colaborando en las alteraciones del ciclo menstrual, y a la mayor presencia de endometriosis y de cáncer de mama.
Por todo ello el manifiesto solicita que se aplique el principio de precaución en todo producto nuevo que se introduzca en la industria y que se dé transparencia de información completa de su composición. Que las nuevas sustancias se investiguen una a una, para evitar la sustitución lamentable, y utilizar productos que tengan más efectos secundarios que los que sustituyen como ha ocurrido con los pesticidas.
El nuevo informe de la EFSA pone de manifiesto que el 41% de frutas y hortalizas europeas contienen restos de pesticidas que en la ingesta cotidiana una exposición de las y los consumidores de diversos residuos al mismo tiempo. Pimientos dulces, uva de mesa, fresones, manzanas, melocotones, tomates, naranjas, limones, peras, lechugas y mandarinas fueron los alimentos que más pesticidas acumularon, que en el caso de los tomates llegaron a ser dieciséis distintos. Para el seguimiento de estas informaciones la ciudadanía interesada puede seguir la información que ofrecen en su blog, Ecologista en acción[2].
Las persona expertas, exigen el “Cumplimento de la normativa existente (como el REACH o la hoja de ruta de restricciones propuesta por la Comisión Europea en el marco de la Estrategia para la Sostenibilidad de las Sustancias Químicas) en todos los productos en el mercado, independientemente del lugar de producción y canal de venta (física o en línea), y aceleración del proceso de revisión ante la ineficacia del actual sistema para proteger efectivamente la salud de las personas y el medio ambiente”.
Es muy importante que las nuevas normativas se basen en el conocimiento científico y apliquen el principio de precaución y unos criterios de salud más exigentes, para que se tengan en cuenta la mayor vulnerabilidad de los niños y niñas, que son más vulnerables a la toxicidad ambiental, porqué respiran más rápidamente, inhalan más cantidad de tóxicos y los adquieren también por superficie corporal, como indicó Elena Codina, de la unidad de salud ambiental del hospital Sant Joan de Déu.
“Las nuevas normativas tienen que ser claras y concisas, con una visión a medio y largo plazo, evitando posibles interpretaciones ambiguas y facilitando su aplicación, control y seguimiento. Por ejemplo, incorporando la prevención cualitativa y eliminación de tóxicos en la nueva ley de prevención de residuos y gestión de residuos catalana y en procesos normativos estatales en otras comunidades autónomas”
Precisamos “Mecanismos de control, seguimiento y sanción que den cumplimiento a la normativa actual y futura. Por ejemplo, la prohibición del bisfenol A y ftalatos en envases alimentarios incluida en el real decreto de envases y residuos de envases estatal no es efectiva sin mecanismos de control, seguimiento y sanción. Estos tienen que ser aplicados por parte de las administraciones, independientes de la industria química y basados en evidencias de la comunidad científica.
En el futuro serán necesarios el desarrollo de campañas de sensibilización e información y educación dirigidas a la ciudadanía estableciendo sinergias entre diversas asociaciones de la sociedad civil.
[1] https://www.rezero.cat/es/declaracion-futuro-sin-toxicos/
[2] https://futurosintoxicos.org/