OFF. Mutilación genital en Gambia

En el año 2015 se prohibió en Gambia la práctica de la mutilación genital femenina (MGF), que consiste en la extirpación parcial o total del clítoris y de los labios menores, con o sin escisión de los labios mayores.

Las leyes constituyen un primer paso para acabar con esta barbaridad. Luego, en la realidad cotidiana, cuesta muchísimo eliminar esta idea de la mente de los individuos que forman parte de una sociedad, pero es un comienzo necesario porque ayuda a este cambio social

En marzo de 2024, el Parlamento gambiano pretende volver a despenalizarla, legalizando el horror de que niñas y bebés vuelvan a sufrir la ablación del clítoris, aunque la aplicación práctica de la ley de 2015 ha destacado por su inacción y los silencios ante esta atrocidad.

Se calcula que unas 90.000 niñas gambianas la han padecido.

Otros países africanos no tienen leyes específicas que prohíban la MGF y sin ella las mujeres no tendrán marido, sufrirán muchas burlas y serán una deshonra para sus familias, porque esas niñas son consideradas sucias. Y deben ser puras. Creen que es una prescripción coránica. Saltarse esta monstruosidad equivale a una marginación segura.

Religión y machismo es un dueto que siempre ha funcionado contra las mujeres, porque es una práctica patriarcal y de violencia machista. Se pretende controlar la sexualidad femenina y asegurar la fidelidad matrimonial.

Las consecuencias para las mujeres son terribles. Produce heridas físicas y mentales muy graves. Dolor físico, hemorragias, fístulas, partos muy complicados y naturalmente graves traumas psicológicos. Muchas veces simplemente mueren, aunque esta palabra no sería muy adecuada. No mueren. Es otra forma de asesinarlas. Física o mental.

Afortunadamente hay muchas asociaciones de mujeres nativas que luchan para ir cambiando esa mentalidad social con o sin leyes. No es fácil. Es algo que no se puede hacer simplemente criminalizando. Las activistas tienen que franquear la primera puerta guardada por líderes religiosos para que, al menos, les permitan hablar del tema. Pero ahí está la esperanza para millones de mujeres que viven este horror cotidiano y como otras muchas causas por las que debemos luchar las mujeres, acabarán desapareciendo.

A nosotras nos corresponde darles nuestro apoyo e impedir que aquí, en los países europeos, empezando por España, las niñas no viajen a sus países de origen y vuelvan mutiladas.

Olga Fernández Quiroga

Psicóloga especialista en psicología clínica