MyS opiniones. Tú opinas. Resonancias
“MYS Opiniones” es la nueva sección, para conocer lo que pensáis que está bien, lo que puede mejorar, lo que no os gusta o nuevas propuestas para la revista. Inauguramos con este estupendo artículo de Laura Delgado
Las imágenes nos hablan todo el tiempo. A menudo sus voces pasan desapercibidas, pero si nos detenemos a observar, seguramente notaremos cómo empieza a surgir un diálogo entre nuestro cuerpo, sus formas, ritmos y sus colores. Se produce una conversación íntima que convoca los sentidos y despierta la imaginación: una resonancia, distinta en cada momento y para cada persona.
Hace unas semanas, mirando la última portada de la revista Mujer y Salud, el número 55, me pareció escuchar una voz suave, como una melodía de flauta, que me invitaba a acercarme. No tenía prisa. La pintura de Mercè Soler se iba ampliando conforme la observaba, hasta generar dentro de mí un paisaje amable y vital.
Imaginé un telón rojo y blanco que deja al descubierto una flor, cuando tímidamente nace. O tal vez una pared sobre la cual crecen resistentes briznas de hierba. Pétalos y hojas que tiemblan mecidos por el viento, mientras sus sombras se proyectan más atrás. ¿Les estará dando el sol? ¿Quizá esa luz cálida de la tarde, antes de anochecer? ¿O es el calor intenso del verano?
Al verlo desde lejos, me recordó a los campos de color de Mark Rothko y quise adentrarme en ellos. Sentí calma mientras seguía con los ojos los trazos del pincel. Fui saboreando los detalles y me detuve en las veladuras. Allí donde se transparenta la capa de color anterior, el paso del tiempo se hace visible y, como la piel, la pintura renuncia al mandato de ser lisa y uniforme.
Entonces volví la mirada hacia el texto: “Disfrutar sin límite de edad”. Noté en el pecho cómo el rojo se volvía más intenso. El trazo curvo y juguetón de las plantas sonaba como una afirmación. “Aquí estoy, sigo viva”, me decían. Los tallos, atravesando el límite entre dos zonas de color, parecían surcar la frontera de los años y de los estereotipos, encontrando fuerzas en su propia expansión. Las hojas crecían y se desplegaban libremente, como si fueran caricias.
Me hizo recordar las palabras de Audre Lorde en Lo erótico como poder:
“Cuando hablo de erotismo, lo hago como una afirmación de la fuerza vital de las mujeres, de esa poderosa energía creativa cuyo conocimiento y uso recuperamos ahora en nuestro lenguaje, nuestra historia, nuestra danza, nuestro amor, nuestro trabajo, nuestra vida”.