Historias clínicas de salud mental. Posiciones

Me han preguntado y sugerido que explique un poco más qué es eso de las “posiciones” que tenemos y adoptamos en determinados conflictos y que menciono en algunos artículos de esta sección, como ocurre en el MYS 55 con el título “Si eres martillo del cielo te caerán los clavos”. Estará en la Web próximamente. www.mujeresysalud.es

Sin entrar en complejidades, que las hay, y con el objetivo de ser didáctica, voy a mencionar ejemplos cotidianos y clínicos.

El hombre que desde su posición de niño elige como pareja a una mujer/ mamá. Y la mujer que desde la posición de mamá elige como pareja a un hombre/niño. Cada uno puede quejarse de los comportamientos y actitudes del otro, sin darse cuenta que desde sus posiciones es lo único que pueden elegir.

Si alguien osa decirles que actúan como mamá o niño, lo negarán rotundamente y se enfadarán. No son conscientes. Y ahí está el problema que no se puede resolver casi nunca desde la conciencia. Son posiciones inconscientes y repetirán una y otra vez en sus elecciones marcadas por esas posiciones.

Una vez, coordinando un grupo en el que participaban solo mujeres, surgió un tema parecido, pero que me sirve para ejemplificar.

No era un grupo de terapia, por lo tanto debía tener cuidado en no profundizar demasiado porque tenía fecha fija de inicio y fin. En estos grupos es muy importante, para las mujeres que participan, no entrar en conflictos graves porque ni estaban en terapia ni yo podía saber si les sería posible iniciarla, así que el daño es mayor que el beneficio.

Teniendo esto en cuenta se puede hacer un buen trabajo.

El grupo estaba organizado en un círculo, sentadas, en el que todas se podían ver y verme sin moverse de su sitio. Cuando surgió el tema, me levanté y me puse en otro lugar, fuera del círculo, sin decir nada. Algunas mujeres podían seguir viéndome sin moverse, otras tuvieron que moverse necesariamente si deseaban seguir viéndome. Como mínimo se podían dar estas tres situaciones a grosso modo, porque luego están las que se mueven un poquito, las que cambian de posición moviendo su silla, las que se tuercen para ver sin mover la silla o las que se levantan para ver bien.

Después de unos minutos sin hablar, pregunté:

— ¿Qué ha pasado?

Respuesta habitual:

— Pues que te has movido y te has puesto en ese lado.

Todas las respuestas se refieren a mí movimiento. Nadie dice lo obvio respecto a ellas, que podría ser:

— Púes que he tenido que moverme para verte.

 Casi nunca responden desde su posición, en este caso simplemente la física, pero que ejemplifica la psíquica.

Tengo que señalarlo o preguntar directamente.

— Pero ¿tú qué hiciste?

Y aquí es dónde comienzan a darse cuenta que algunas, si querían verme, tenían que moverse físicamente.  El paralelismo psíquico sería cambiar de posición, salir de su posición.

Este sencillo ejercicio no tenía un objetivo tan difícil, pero sí les sirvió para empezar a “darse cuenta” y hablar, reflexionando, de las vivencias en su vida.

Como decía una de las participantes:

—  O sea que, si en mi pareja yo me muevo, él o se tiene que mover también o se acaba la pareja.

Fue una muy buena intervención tanto para ella como, de rebote, para el resto del grupo.

Olga Fernández Quiroga

Psicóloga especialista en psicología clínica