Esta “zorra” no me representa

No sé a las demás, pero cuando escucho la palabra zorra me entra una sensación violácea. La misma que sentía la Maga cuando Horacio Oliveira de Rayuela le hacía sentir pequeña e insignificante con su altanería de hombre sabelotodo. Casi al instante, empiezo a ver ojos morados propinados por quien lanza una zorra y lo remata con un golpe sobre una mujer. Cuando se presentó la canción Zorra para representar a España en el Festival de Eurovisión se me encendieron las alarmas, pero no fue hasta escuchar, incluso por el presidente del gobierno español y supuestas personas aliadas al feminismo que era una canción que enaltecía el poder de las mujeres, cuando me acordé de la brillante teoría de la banalidad del mal de Hannah Arendt.

La filósofa alemana enhebró su teoría tras asistir al juicio a Adolf Eichmann por genocidio contra el pueblo judío. Su aguda observación la llevó a considerar que el acusado había actuado no por odio a los judíos sino por cumplir órdenes del estado. Por ser un burócrata que acataba sin reflexionar las órdenes de sus superiores. Ni un instante para pensar en el horror.

No comparo a Nebulossa, autores del tema, con los nazis, no se equivoquen. Lo que me desconcierta es ese aplauso del poder a un tema que no otorga determinación a las mujeres que trabajamos por la igualdad. A mí que me canten Zorra me sienta mal. No me trago ese sapo porque me dedico al mundo de las palabras y soy consciente del poder que tienen, del cuidado que hay que tener al usarlas, más si es en escenarios con millones de personas de audiencia. ¿Cómo podemos mostrarnos ante Europa utilizando un insulto a las mujeres y encima hacer creer que es un paso más a favor de la lucha feminista? La cuadratura del círculo o la banalidad del mal.

Sí, porque banal es obviar que cuando alguien le dice zorra a una mujer no es una caricia, banal es hacernos creer que si una mujer se autodenomina o auto presenta como una zorra es una mujer liberada, ¿de qué? Si España se quería mostrar orgullosa y “empoderada” -otra palabra que no me agrada porque tiene un no sé qué de muletilla institucional-, ya podría haber elegido otro vocablo que hable de verdad de las mujeres, de sus luchas, de sus pérdidas, de cómo cuesta ir codo con codo, de cómo pesa esta sociedad machista. A mí esta Zorra no me representa. Y encima musicalmente es una vulgaridad. Qué lejos queda aquel La la la de Massiel, incluso el Vivo cantando de Salomé. Hemos pasado de tiempos cándidos a tiempos banales.

Lourdes Durán Ramírez

Periodista y escritora