Entrevista. Marta Fonseca Salinas. Col·lectiu Punt6

“El cambio climático es el que acabará con la ciudad androcéntrica”

Un grupo de mujeres con edades comprendidas entre los 30 y los 60 años creó en Barcelona la cooperativa de trabajo Col·lectiu punt6. Repensar las ciudades desde una perspectiva feminista es su cometido. Arquitectas, urbanistas, sociólogas de diversas procedencias hacen astillas modelos de desigualdad en ámbitos urbanos. Son propuestas de largo recorrido. Algunas ya se aprecian en España y fuera como la Red de Urbanistas Feministas del Mediterráneo. Hablamos con Marta Fonseca Salinas, arquitecta y socia fundadora.

¿Qué es urbanismo con perspectiva de género?

Trabajamos con la definición de urbanismo feminista desde 2004. El punto 6 de la ley de bases catalana es la primera ley del Estado español y de Cataluña que pone el género como categoría para analizar los espacios donde vivimos. Esta inclusión del género era un cuestionamiento que pone de relieve las diferencias, desigualdades que en la definición de espacios no tiene en cuenta las necesidades diversas de la gente. Al mismo tiempo está también el abordaje de las características diversas de las personas, o sea, que las mujeres no son un conjunto homogéneo, sino que tenemos características de origen, de clase, de edad, de historias de vida que hacen que el uso de los espacios sea diferente. Este punto 6 de la ley de barrios responde a la equidad de género en el uso de equipamientos y espacios públicos y esto nos ha servido para empezar.

Más de 20 años. ¿Qué objetivos os propusisteis y cuáles han sido llevados a cabo?

Mucho de nuestro trabajo no es demanda de urbanismo sino que se nos pidió, desde las áreas de participación, equidad, y de otras áreas de ayuntamientos, apoyo ya que necesitaban justificar la inclusión del punto 6 para definir e incluirlo en los proyectos urbanos de su programa de necesidades. Iba desde escalas pequeñas a grandes, desde colocación de bancos en el espacio público, de iluminación en un edificio a analizar de qué manera favorece o no cuestiones o no relacionadas con las mujeres, si se sienten seguras, y también las opciones de movilidad como la bicicleta. Si tenemos la misma percepción o no. En movilidad se han hecho muchas aportaciones. El análisis de diferentes modos del transporte público, o de ir caminando, que es un reclamo y una propuesta que viene de las geógrafas que han analizado la movilidad desde esta perspectiva porque no era un modo de movilidad hasta hace poco. Ahora la necesidad de ir caminando y de condicionar los espacios por donde vamos, aceras, iluminación, caminos que conectan actividades cotidianas, las conexiones. Nosotros partimos de la vida cotidiana, de la complejidad que tiene mirar las necesidades reproductivas, las satisfacciones propias y las comunitarias. A partir de aquí trabajamos en modelos participativos con mujeres porque tienen experiencia diferente y los roles en la sociedad son distintos. Ellas saben mucho de escuelas, de salud, de cómo se utiliza un parque… Cambian las prioridades. Al analizar el entorno de una escuela o de una escuela cuna tendrían que ser diferentes. Y lo mismo sucede con los espacios de salud.

¿Qué respuesta estáis recibiendo desde la Administración?

Al inicio fue muy difícil hacerles entender algo que era de sentido común. Todos queremos lo mismo, pero en el día a día lo que ves es que las prioridades están en el coche, o no se cuida que haya una vegetación saludable, mucho hormigón. Necesitamos que la tierra filtre el agua. Ahora hay más conciencia. La pandemia ha puesto en primer plano todas las necesidades que el ecofeminismo ya planteó. Se hacen transformaciones, por ejemplo, en Barcelona en el tema de la vegetación, pero claro son cambios que necesitan tiempo porque sus trayectorias son largas.

El tema de la inseguridad, la percepción de inseguridad que en las mujeres está ligada a nuestro cuerpo sexual, hay que hablarlo. Y no nos referimos solo a la iluminación sino a muchas otras cosas en el espacio, cómo estamos colocadas en el espacio público en la publicidad, o cómo estamos reconocidas, por ejemplo, en el nomenclátor de calles donde solo aparecen mujeres santas y religiosas.

¿Hay algún ejemplo en el que mirarnos? Para tener claro de qué hablamos cuando mencionamos ciudades con perspectiva de género.

Temas concretos como el cambio en el patio de las escuelas, habitualmente se habla de un patio con un tamaño concebido para una pista de fútbol. Si se trabaja en coeducación y de las necesidades de niños y niñas de relacionarse seguro que cambia mucho en la naturaleza, en espacios de relación diferentes, en variación de actividades. Sería un cambio y ya se está haciendo en muchas escuelas. Si un ayuntamiento nos pide poner bancos en las calles, que es una demanda de las personas mayores, hemos hecho un proceso participativo en el Eixample de Barcelona. Porque habían dejado de tenerlos, o estaban dispuestos con distancias largas. Una proporción de estos bancos deberían tener brazos de ayuda para levantarse, o que estén a la sombra, no al lado de los contenedores, cerca de centros de salud, de paradas de bus, etcétera. Una administración que se planteé esto está trabajando para mejorar desde un urbanismo feminista. O la iluminación pública en itinerarios para conectar modos de movilidad para ir del metro o bus, o también como calles sin actividades que no tienen vida y dan percepción de inseguridad. Cuando se habla de una manera más holística de qué necesitamos para acompañar nuestras cotidianidades se está cambiando la manera de abordar el proyecto urbano.

¿Se puede hablar de ciudad sana o es una contradicción porque quizá el concepto ciudad ya lleva aparejado la falta de salud?

Desde la pandemia sí se ha puesto de relieve que hay que reflexionar y abordar qué es el cuidado. Una ciudad ha de atender al bienestar desde tareas reproductivas, a las productivas, y aspiraciones que deben ir aparejadas. Es una demanda colectiva y comunitaria que es difícil que esté bien atendida. Desde punt6 trabajamos en generar redes de actividades próximas que faciliten la cotidianidad, equipar servicios para atender trabajos derivados de las curas como colocar un banco o definir un equipamiento, restaurar los vínculos con los ecosistemas y priorizar las condiciones para mejorar la equidad y justicia social.

Las ciudades con población cada vez más envejecida donde, entre otras carencias, está la falta de lavabos públicos. 

En el colectivo hay un proyecto que trabaja este tema. La tipología de lavabos que hay no responden a las necesidades que tenemos, para cambiar a bebés, y también a las personas mayores, que puedan entrar con las sillas de ruedas, por ejemplo. Países de nuestro alrededor como Francia sí que han resuelto estás necesidades y aquí es muy difícil encontrar lavabos que atiendan estas necesidades. O el tema de la copa menstrual. No hay lavabos donde puedes limpiar una copa en condiciones.

Los espacios públicos no están actualizados a los cambios de género. Pienso en lugares como baños o patios de colegios o piscinas.

Los lavabos no se han pensado teniendo en cuenta estas diferencias, y hay muchas deficiencias. Pensamos que sería bueno un espacio núcleo de lavabos para hombres y mujeres, pero compartiendo la pica, y resultó que es horroroso para la mujer que quiere cambiar su copa menstrual. Es cuestión de diseñar los espacios con las necesidades que van surgiendo. En este trabajo que hicimos en la universidad, la conclusión fue el tener que distinguir entre hombres y mujeres y podría ser lavabos sin sexo, tener libertad de entrar en otro que no está definido, pero también dónde van las personas trans. ¡Imagínate cuando pienso en el vestuario de una piscina, que nos encontramos con esta carencia!

Son espacios públicos, pero con usos de índole privada.

Es como todo. Se adaptan las soluciones a los cambios, pero las cuestiones ligadas a las necesidades de las personas tardan más en resolverse. Y ahora está claro que hay que resolver el tema de los lavabos.

¿Qué les falta a las ciudades españolas para tener una perspectiva de género?

Hacer arquitectura y urbanismo no solo por las personas que la definen, sino que son las políticas y las voluntades. Pienso que cuando las necesidades son tan grandes algo se está haciendo, lo vemos por ejemplo en estaciones de metro, su señalización, la manera de poner luz, o del tipo de publicidad. Pero todo son pequeños cambios.

Quizá si hubiera más mujeres urbanistas. ¿Por qué hay menos mujeres urbanistas y sin embargo han aumentado las arquitectas?

Seguro que habría cambios en determinadas áreas de los ayuntamientos, como las de Urbanismo cuyo jefe suele ser un hombre. Es cierto, hay pocas urbanistas, pero no sé por qué.

¿Viviendas colaborativas frente al problema de la vivienda?

La vivienda responde a una tipología. Papá, mamá, dos hijos. Esta estandarización ha ido a modelos muy alejados de las necesidades que tenemos hoy. Hay mucha gente que comparte pisos por las dificultades de pagar el alquiler, y comporta un cambio importante por la gestión de la vivienda. Una colega, Roser, trabaja en pensar la vivienda y los servicios que pueden estar compartidos. Trabajamos mucho desde el concepto de vida cotidiana que crea redes de actividades en el entorno en el que vivimos. Y en esta red están en equipamientos, en modelos de movilidad, de espacios de relación. Esta red combinada debería dar otra manera de vivir.

¿Hacia dónde vais? ¿Sois pioneras en lo vuestro?

No nos gusta el término pioneras. Lo que hemos hecho es recoger y ordenar lo que muchas mujeres han hecho antes. Su legado. Sí que se ha generado una reflexión importante que compartimos ya que todo lo que producimos está en abierto en nuestra web, salvo lo de la administración que no podemos publicarlo.

¿Algún proyecto fuera de Cataluña?

Sí, hemos trabajado en Argentina, Colombia, México y ahora en algún proyecto europeo y también en el País Vasco, Andalucía, Valencia. Sí salimos y estamos aquí.

¿La ciudad debería ser feminista?

El cambio climático es el que producirá los cambios. Esta forma androcéntrica de abordarlo todo cambiará. No solo para las mujeres, es mirar de otra manera el mundo y los elementos como los vivimos.

¿Y la ciudad turística?

Uf… Es un modelo que desarticula la cotidianidad, deshace relaciones de barrio, las comunidades que han vivido mucho tiempo en un barrio desaparecen forzosamente, y esto es lo que hace el turismo. Desplazan a la gente de sus lugares, priman la parte económica y temporal. Prima lo inmediato. Consumo en un tiempo concreto y se hace todo a la vez. Es pura depravación y especulación.

Lourdes Durán Ramírez

Periodista y escritora