Editorial. Con la carga viral que había, no se salvaban en ningún sitio
De todas formas, se iban a morir
Las palabras del título fueron pronunciadas por la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, adalid de la libertad en términos absolutos, de los derechos de los hombres a los que, al parecer, asesinan sus parejas mujeres al ritmo de uno por semana, sin que la sociedad se haga cargo de esta violencia feminista.
Éste y otros juicios entran dentro de su ideología de gobierno. En el editorial de hoy analizamos esas palabras, dirigidas a los viejos/as ingresados en residencias durante el Covid19 a los que una orden suya dejó encerrados allí, sin poder ser trasladados a los hospitales porque “de todas formas iban a morir”, aunque los que tenían alguna posibilidad de un seguro privado sí que pudieron salir y salvarse.
Clasismo del más rancio, crueldad y perversidad sin límites y dolor, mucho dolor para las familias y espero que también para toda la sociedad por este pensamiento tan repulsivo que se convirtió en acto como si fueran asesinatos premeditados.
Pudieran o no salvarse, la manera en qué murieron los que iban a morir y que ahora conocemos, gracias al magnífico trabajo de participación ciudadana publicado con el nombre de Comisión de la Verdad, fue espeluznante.
Esto debería conllevar la inmediata dimisión de cualquier cargo público con poder para actuar. Quizás pedir perdón. Pero no.
Se dice que estos son actos inhumanos. No. Son actos muy humanos. Como escribía Primo Levi en su lucha incesante por tratar de explicase y explicarnos la barbarie nazi que él mismo vivió en los campos de concentración, los prisioneros que iban a morir y que ya eran deshechos, los llamaban Muselmann o en plural Muselmänner algo parecido a como llaman ahora a los palestinos masacrados por el ultraderechista Netanyahu en Israel: animales. Diaz y Netanyahu comparten ideología.
El médico debe curar cuando se pueda, pero aliviar y confortar, siempre. Especialmente cuando la enfermedad no tiene solución y que nos llevará indefectiblemente a la muerte”. Frase de Luis Montes[1], gran profesional, defensor de la muerte digna, la sanidad pública y gran persona, acosado y perseguido en tiempos de Esperanza Aguirre, su guía ideológica.
Ella y su partido, junto con los voxistas, no votaron la Ley de la Eutanasia. No quiere una Ley de Eutanasia que nos permite decidir si queremos morir dignamente, cuando la vida ya no es posible, pero sí puede decidir quién puede morir y cómo. De la manera más horrible e indigna.
A Diaz la votaron y todas las afirmaciones simplistas que hace la ultraderecha neofascista, se basan en algún eco social, que retuercen y expanden para deformarlo, pero que sigue resonando en ese eco a los oídos de la sociedad.
La vejez en este caso, y su tratamiento social. Las personas que somos viejas, casi tenemos una connotación de” ciudadanía de deshecho”. O sin el casi. Encerrados en establecimientos, llamados “residencias” (en Colombia y Venezuela se les llama “ancianatos”), tratados como “abuelas/os”, aunque no tengan nietos/as, infantilizados, calificados como no productivos, aunque mantengan a sus familias, asuman trabajos de asociaciones comunitarias de todo tipo, posean un saber acumulado y un largo etcétera. Y sí, en la vejez nos queda menos tiempo biológico de vida que otras edades. Y sí, a veces esa vida conlleva restricciones por la salud y sí moriremos porque la vida ya se nos acaba o por cualquier otra circunstancia que nos iguala con el resto de la gente.
La Presidenta, no aplicaría esta ideología a sus familiares viejos/as. ¿O sí?
[1] https://www.elsaltodiario.com/eutanasia/luis-montes-morir-dignamente-mentiras-pp-eutanasia