Un trabajo de campo: ¿Campo de mujer?
Soy historiadora. Cuando tuve conocimiento de la figura de las Trementinaires o remeieres del valle del Cadí, hacía unos 15 años que había soltado las amarras de la historia académica para dar paso a la subjetividad de la memoria oral, recogiendo y documentando experiencias de vidas con mi cámara audiovisual (exilio republicano, lengua catalana, luthiers y músicos tradicionales y populares, vivencias colectivas).
Explico esta experiencia de vida con un lema para estas mujeres: “sin cuidar la tierra, no comemos”.
Una vez acabados los ciclos anuales de tareas agrícolas, estas campesinas remeieres emprendían un largo recorrido a pie desde el Pirineo hasta el Mediterráneo. De dos en dos, una veterana y otra mujer más joven como aprendiz acompañante, salían a caminar hasta el Maresme, comarcas de Girona o Tarragona ida y vuelta en bucle. Su actividad se documenta hasta mediados del siglo XX y existen testimonios orales de las últimas “mujeres que recorrían el mundo”. Iban caminando durante los tres meses de invierno, con tal de completar la modesta economía familiar de montaña. Dejaban su progenitura al cuidado de su familia o a una nodriza amiga si tenían bebe todavía lactante. A modo de buhoneras, llevaban a cuesta su farmacopea de plantas medicinales y setas, recolectadas y secadas durante el año. Aparte de ungüentos, también traían la trementina que servía entonces para curar numerosos males tanto del ganado como de los humanos (1).
Al margen de indagar una posible actividad semejante por laderas norte del Pirineo, me fui relacionando con campesinas contemporáneas: hace 3 años, en un periodo complicado de confinamiento casi mundial, tuve la suerte de quedar consignada en mi pueblo de adopción, en la Cataluña francesa.
Durante aquel periodo, las herboristas, productoras de verduras, plantaron plantas, flores y simientes, y las apicultoras, han seguido con sus tareas y acudieron regularmente al mermado mercado bisemanal del pueblo: para alimentarnos y compartir sus plantas y preparaciones cosméticas y curativas. Es así como tuve la posibilidad de acercarme de manera más personal a algunas de ellas: La naturaleza lo es todo para ellas, les da subsistencia, pero, ante todo, da sentido a sus vidas. Y la cuidan. Tienen entre 30 y 74 años, sin amplia formación agrícola científica pero sí práctica, cultivan solas un mínimo de una hectárea (requisito para el estatus legal de jefa de explotación) en agricultura biológica (en una proporción de 35 a 45% de mujeres en este tipo de explotación en la región ex Languedoc-Roussillon, según las zonas, y 26% a nivel nacional): producen verduras y plantas, ejerciendo alguna actividad complementaria, sean aves, colmenas o frutales; tienen un ingreso mínimo a menudo por debajo del índice oficial de renta básica. No están implicadas en el productivismo ni en la cultura del consumo. Están separadas con custodia compartida de sus hijos e hijas. No proceden de familia rural o neo rural. La agricultura no es su primer capítulo de vida activa y es una elección. Viven aisladas en su terreno o en el pueblo más cercano.
No las reuní sólo porque fueran mujeres sino por su independencia. La mayoría de los agricultores varones en agricultura biológica con semejantes características que conocí tenían pareja que colaboraba directamente en la economía y las tareas domésticas y familiares o también indirectamente por unos ingresos exteriores. No era el caso de estas mujeres.
Empezamos a celebrar encuentros informales en el campo para poner en común conocimientos, cuidados y creatividad. Catherine Persuy, la reservada veterana productora de verdura bio desde los 70, activista y ecologista, acababa de crear una asociación: Las gallinas felices, así denominada por su edificio agrícola, El gallinero, en su explotación. Y a continuación, tres generaciones juntas, campesinas o no, formamos un grupo no mixto, el Caldo de gallina, generador de toma de conciencia. Ahí iniciamos talleres en el ámbito del autoconocimiento y de los recursos naturales (teatro del oprimido, salud, masajes, danza, yoga, plantas etc…). Luego, Catherine instalaría en su terreno, huertos compartidos para el conocimiento de la tierra. Al cabo de tres años, parte del grupo evolucionó hacia un café feminista mixto, Les Mauviettes, de periodicidad mensual, mientras el Caldo de gallina está parado. Este otoño 2023, el café celebró públicamente las Jornadas culturales del Matrimonio o transmisión de bienes inmateriales por parte de las mujeres.
En este contexto me aproximé al concepto de Ecofeminismo (2).
Propuse a Catherine, en cuanto representa para la mayoría un referente amistoso vital, laboral y comprometido, y porque algunas además habían trabajado con y para ella en su campo, que me orientara y acompañara y empecé a grabar testimonios de campesinas. Catherine me sugirió en seguida que pensara en espejo, sobre el sentido que tenía para mí este estudio.
Valentía y empirismo: En ambos casos, en las remeieres itinerantes ancestrales como las campesinas neo rurales del Conflent, destacaba su intrepidez, fuerza y gran resistencia física; su relación orgánica con la tierra y sus conocimientos de terreno adquiridos en la vida cotidiana. Descubrí remedios naturales, recogí y supe de plantas aromáticas y medicinales, sus propiedades, preparación y transformación: aquilea, árnica, artemisa, ashwagandha, consuelda, echinacea, espliego, gaultheria, helichrysum, hipérico, menta, orégano, salvia,…(3). Probé algunas para diversos malestares…
Independencia, autonomía, autosuficiencia: Mientras las remeieres del pasado no tenían mucha alternativa, las campesinas y herboristas empresarias contemporáneas han elegido su modo de vivir. Demuestran su obstinación en realizar todos los procesos de la vida cotidiana rural del principio al fin, sin pasar por intermediarios. (En cierta medida me podía sentir identificada en cuanto me autoformé en video, me empeño en establecer una relación de proximidad larga para las entrevistas, y en filmar, grabar, montar, editar y transmitir mis propias imágenes). Procuran multiplicar su producción a partir de sus propias plantas y semillas para ofrecer productos de calidad; cultivan su huerto para autoconsumo, además de recoger plantas, hierbas, setas, frutas salvajes y espigar en los campos; hacen leña para el invierno, autoconstrucción, arreglos, barreras, canales y balsas para ahorrar agua; trasladan el estiércol, preparan la tierra, plantan, repican, cosechan, recolectan, transforman, hacen trueque, venta etc…
Solidaridad y abundancia: Algunas actividades siendo también propicias a celebrar trabajos colectivos de ayuda mutua, generan vínculo social, como en una colectividad tradicional. (En un domingo soleado de invierno unas 60 personas plantamos más de 600 árboles para la reconstitución de setos propicios a la biodiversidad en un terreno agrícola). En semejantes condiciones, su economía de subsistencia adquiere dimensión de abundancia con relación al consumismo mercantil.
Legitimidad: Su empeño va más allá de la mera necesidad de autosuficiencia económica y de un compromiso ecológico y de decrecimiento. Adquieren una legitimidad profesional originada en su experiencia y sus prácticas.
Libertad: Otro componente de su fuerza es la libertad aprendida y ejercida a través de un modo de vida no normativo, son Mujeres de remedios.
Gracias a la presencia activa de Catherine, asistía in situ al intercambio de conocimientos de manera informal: una transmisión oral de saber vernacular que retrotrae al pasado inmaterial de las remeieres. Como señalaba la misteriosa frase del historiador Marc Bloch: “Sin explorar el presente es imposible entender el pasado».
En definitiva, estaba conociendo otra manera de vivir, al margen de la explotación extractiva y de circuitos financieros: compartir, crear colectividad, mutualizar; adaptando hogares en función de usos, compartiendo saberes y saber hacer, apoyándose en una cultura horizontal en circuitos cortos locales y desarrollando buenas prácticas campesinas, tejiendo redes cercanas y abiertas a otros territorios (mercados, ferias, festivales, encuentros…) sin perder su individualidad ni singularidad. Y, ante todo, una manera esencial de vivir en el campo y gracias a la naturaleza.
Una socióloga, entre otras filósofas, científicas y antropólogas investigadoras desde hace más de medio siglo de las alternativas ecológicas y anticapitalistas, evidencia cuanto en el medio rural occidental (el 1,5% de la población activa en Francia, la gran mayoría en agricultura industrial intensiva y con solamente 12% de explotaciones ecológicas) es «la fábrica de lo cotidiano aparece tal como es: un reto revolucionario» (4).
Había encontrado mi terreno: acabé retratos documentales recogiendo la historia de once campesinas contemporáneas y cómo su vínculo con la naturaleza fundamenta su vida. En un contexto de desamparo de instituciones públicas del Norte global, saturadas o cerradas y de acrecentada destrucción de los recursos naturales, mi búsqueda me hacía participar de unas microcorrientes sensibles a la atención a la tierra, a lo vivo y a su protección, a la solidaridad cotidiana, para el sustento de nuestra salud mental, física y social de proximidad, dando sentido político a la economía de subsistencia.
Si la búsqueda (transmitir la transmisión) fundaba mi propia identidad, Catherine la remeiera que me había llevado en este periplo permitiéndome validar libremente mi campo propio, también me llevó a construir una conexión irreprimible con la naturaleza: sin la naturaleza, sencillamente, no hay VIDA (5).
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
(1) Museu de les Trementinaires: Pl.Serra del Cadí,1 25717 – TUIXENT. Telèfon: 973 37 00 30 museu@trementinaires.org
Joan Frigolé Reixach, Dones que anaven pel món. Estudi etnogràfic de les trementinaires de la Vall de la Vansa i Tuixent. – Universitat de Barcelona. Temes d’Etnologia de Catalunya, 12. Barcelona: Departament de Cultura, Generalitat de Catalunya, 2005.
(2) Carolyn Merchant, La mort de la nature. Les femmes, l’écologie et la révolution scientifique. Wildproject, 1980
Starhawk, Rêver l’obscur. Femmes, magie et politique, Cambourakis, 1982
Elise Thiébault, L’Amazone verte, le destin incroyable de la première écoféministe, Charleston, 2021.
Vandana Shiva, Abrazar la vida: mujer, ecología y desarrollo, Horas y Horas, 1995.
(3) https://www.syndicat-simples.org
(4) Geneviève Pruvost, Quotidien politique, La découverte, Paris, 2021. Donna Haraway, Des singes, des ciborgs et des femmes. La réinvention de la nature. Ed. J. Chamborg, Paris 2009.
(5) Caroline Mignot, Paysannes du Conflent: Un travail de terrain, 11 portraits documentaires, DVD, 2023. Les sens de la terre: www.experiencessensibles.org