Lo personal es político

Inauguramos una nueva sección en MyS: «Lo personal es político», aunque este concepto no sea novedoso en el movimiento, reconocemos la necesidad de prestar atención a las palabras y las emociones que sentimos y generamos, y los lugares donde éstas se desarrollen: en el recuerdo, en un paritorio, en el hogar o una urgencia.

Analizamos cómo ciertos espacios son opresivos, terroríficos o reconfortantes y cálidos, reflexionando, además, que muchas de nosotras, por las razones que sean, seguimos sin voz o poder expresarnos completamente.

En una realidad que vivimos aún como carente de oportunidades y diseñada desde la exclusión, la discriminación y la violencia, se ha creado un espacio de reflexión sobre las estructuras que influyen en nuestras experiencias. En otras palabras, visualizamos la intersección entre emociones y lugares y cómo plasmamos nuestras subjetividades dentro de dichos ejes, como observa María Rodó-Zárate.

Cuando pienso en “lo personal es político”, además de oler a mi genealogía materna, no puedo dejar de recordar a otra madre, esta vez académica, y sus palabras. En un seminario sobre la relación entre el feminismo y los sectores marginados, Dolores Juliano subrayó la importancia de personificar (o encarnar) las experiencias de otras personas durante acciones de protesta para fomentar la unión y la conciencia política… Otro paso para “lo personal es político” ha sido lo que posteriormente vivimos con la afirmación: «hermana, yo te creo» en 2017. Porque la experiencia vivida también tiene que ver con la credibilidad que le otorgamos a las otras y qué hacemos para generar un eco, un apoyo, un acompañamiento a la voz, al testimonio o a la denuncia.

No minimizamos el problema, como cuenta el relato sobre alopecia, sino investigamos, descubrimos y realizamos una devolución a las otras. A esto también sirve el testimonio. Transformamos una experiencia, una inquietud o una dolencia en la experiencia, la inquietud y la dolencia compartida por muchas. Salimos de lo privado, del miedo, de la culpa y de la vergüenza “que quizá el problema seas tú” (Mercedes Pérez-Fernández) para apoyarnos mutuamente. Además, creamos espacios decolonizados para que cuantas más personas puedan narrar y no encallarnos en “la historia única” (Chimamanda Ngozi Adichie). Rompemos las reglas solipsísticas que ya Virginia Woolf nos ilustraba para generar geografías relacionales, como teoriza Adriana Cavarero. Geografías transnacionales y transgeneracionales de cuidado. Necesitamos narrar y crear espacios de escucha y encuentro. «Lo personal es político» es la posibilidad de compartir testimonios, narraciones y vivencias que el sistema censura, manipula y cambia. Analizar -desde dentro- una vivencia, observar la “cultura institucional” y la “degradación profesional en el sistema sanitario público” (Mercedes Pérez-Fernández) o la necesidad de “transparencia” como afirma el relato sobre alopecia. En efecto, una de las cuestiones que une estas narrativas es el uso de la información: no solo el derecho a proporcionarla y a recibirla, sino también el énfasis en cuándo facilitarlas, considerando las capacidades y competencias éticas y humanas de las profesionales como fundamentales, y no actuando únicamente dentro de un modelo impersonal que despoja a la paciente, así como a las profesionales, de la tarea de cuidar, asistir y tratar con dignidad y compasión. En el testimonio sobre “del otro lado de la dulce espera” se pregunta si ofrecer detalles adversos ¿es realmente informar o, como ella menciona, no sería ejercer violencia?

¿No hay también un tiempo y un espacio para la información?

En qué momento se ha considerado que el derecho a estar informada deba prevalecer sobre el derecho a ser cuidada y expuesta, frágil y vulnerable, a una multitud de circunstancias, posibilidades y probabilidades, bajo la suposición de que esto constituye la atención adecuada a nuestra salud.

Finalizo esta breve introducción a la sesión extendiendo la invitación a una lectura paciente y reflexiva de los cuatro testimonios presentados y con las palabras de Chimamanda: “Las historias importan. Muchas historias importan. Las historias se han utilizados para desposeer y calumniar, pero también pueden usarse para facultar y humanizar. Pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero pueden restaurarla” (Chimamanda Ngozi Adichie. (2018). El peligro de la historia única. Barcelona: Reindom p. 28.). La meta es tejer juntas un entramado colectivo de resistencia y cuidado, mientras anticipamos con expectativas la llegada de otros relatos.

Serena Brigidi

Antropóloga médica; investigadora en violencia ginecológica-obstétrica e interseccionalidad en el Vall d'Hebron Instituto de Investigación (VHIR). Responsable del proyecto de investigación "SimClinFem"