Recuperar el deseo y la sensualidad

El re-nacimiento personal nos da la oportunidad de continuar viviendo con las condiciones que nosotras mismas podamos crear, cada una desde su propia historia y de su propia biografía, pero con tres elementos claves que debemos preservar: el DESEO, la VOLUNTAD y la LIBERTAD. Para seguir un proceso de renacimiento personal deberíamos en primer lugar Recuperar el deseo y los deseos largo tiempo silenciados y ni siquiera sentidos por la gran losa de la sumisión, del quedar bien, de ser siempre modosas y calladas, que es como enseñaron a funcionar a toda una generación que ahora tiene de 60 años hacia arriba. Tener deseos para una mujer era ser egoísta, y dado que el mandato divino era vivir pendiente de los demás y de su cuidado, nunca se había podido plantear poder tenerlos. Antes incluso de la maravillosa habitación propia, debe encontrar su HORA PROPIA, una hora al día para poder desear, soñar, leer poesía si apetece o simplemente no hacer nada. Parece nimio o pequeño, pero, por mi experiencia es casi una medicina milagrosa, que requiere más voluntad y libertad que tomar una pastilla, pero que multiplica los efectos para las mujeres que se la aplican a largo plazo. Porque sin este tiempo propio no es posible realizar la segunda condición para el re-nacimiento.

La segunda condición sería la de Re-conciliarse con su propio cuerpo, con este cuerpo tan trabajado y manipulado con el que ha vivido desde que se recuerda a sí misma. Lo que para Zambrano es el Cuerpo indispensable, para continuar la existencia, el que contiene la fortaleza, la ambición, el amor y los deseos. Este cuerpo que desde siempre han intentado dividir, fragmentar, y hurtarle la expresión de sus propios síntomas y de su propia experiencia. Debe reencontrarse con él, escucharlo y mimarlo por primera vez, dejando que se exprese y re-conociendo por primera vez que su cuerpo y su mente son inseparables. Que, si Aristóteles y los padres de la Iglesia quisieron dividirlo, pensando que las mujeres no tenían mente y por lo tanto su cuerpo funcionaba sin control, frente al espíritu docto de los varones, ahora le ha llegado el momento de demostrarles que su cuerpo y su mente son una unidad indisoluble y muy democrática ya que toman decisiones conjuntamente. Esta unidad a la que María Zambrano llamaba alma. Un alma que conlleva la fuerza interior para dar la vida a los demás y que tiene la fuerza, aunque todavía invisible, también de hacerla poder re-nacer por ella misma.

La tercera condición es Re-vitalizar el cuerpo y transformarlo. El cuerpo cansado y trabajado puede revitalizarse no sólo por la propia energía de verse reconvertido en una unidad y no en un subproducto casi pecaminoso de todos los pensamientos y deseos, sino que puede utilizar los últimos avances científicos para dar vida nueva a sus células físicas que también son mentales, y puede estimular los propios sentidos (la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto) para a su vez dar vida y conectar mejor su propio cerebro. Hasta la fecha quizás ha convivido con un cuerpo y una energía que le permitían sobrevivir, “ir tirando”, pero a partir del momento en que decida vivir por sí misma, deberá buscar y corregir todas las carencias que le han impedido conectarse internamente y tener más energía. Las anemias y las carencias de hierro, calcio u otros minerales, le serán un obstáculo para re-encontrarse plenamente y para re-vitalizarse. Para sobrevivir ha podido convivir durante años con la patología subclínica o con las carencias crónicas, para disfrutar ya no. Quizás deberemos acuñar un nuevo término para hablar de salud, ya no nos sirve la salud como ausencia de enfermedad, o como estado de bienestar, si hemos de dar vida a los años necesitamos la Salud para Disfrutar.

Las dificultades para el renacimiento por nosotras mismas, están basadas en primer lugar en la falta de costumbre en expresar deseos e intereses propios que tienen la mayoría de las mujeres. Ni cuarto propio, ni hora propia, con grandes dosis de resignación, sumisión e indefensión aprendida, debe luchar en contra de la ausencia de derechos reconocidos en la realidad. La sociedad hecha a la medida de los hombres, desea la presencia de las mujeres, pero no su libertad. Recuperar la capacidad de decisión personal, el ejercicio de sus derechos son el primer paso hacia el reencuentro personal.

Las condiciones para el renacimiento por nosotras mismas son: RECUPERAR EL DESEO, EJERCER LA PROPIA VOLUNTAD, Y HACERLO CON LIBERTAD.

En todas las edades es posible hacerlo y no hay límites para intentarlo, y en la etapa de las mujeres mayores de 50 años, donde tantas amenazas de decrepitud y de momento final se han oído, las palabras de Anna Freixas son un canto a la esperanza:

“Es un momento de gran crecimiento interior y somos, por tanto, capaces de poner más distancia emocional ante los hechos que nos ocurren. El relato de las mujeres está lleno de consideraciones al respecto. Tenemos un mayor dominio de nuestras emociones, somos capaces de minimizar y relativizar los problemas, sentimos mayor serenidad, equilibrio y fortaleza interior, menos impulsividad. En definitiva, esta tranquilidad nos permite sentirnos más a gusto con nosotras mismas. Todo ello… nos permite reencontrarnos con nuestro antiguo buen humor, perdido en las interminables batallas cotidianas de nuestra vida de seres-para-los-otros.

Buen humor, mejor carácter, distancia emocional, es decir, afrontamos las situaciones desde una nueva posición, de diosas imperturbables, amables, pero libres. De repente, conectamos con nuestras emociones, con nuestra mente, con nuestra existencia y podemos reírnos, con una risa que se apoya en esta nueva capacidad para mostrarnos, para ponernos en el centro del mundo y disfrutar de nuestra vida, para vivirla individual, pero colectivamente….Instaladas en el gran escenario de la desdramatización pensamos que, después de todo, las ventajas son numerosas. Riámonos a coro: brillaremos más”.

Pero la nueva aventura del renacimiento no la podemos realizar en solitario, sino que hemos de buscar en nuestra propia biografía la Genealogía de la propia vitalidad, aquellas mujeres o aquellos colectivos que nos han servido y nos sirven de imagen para aferrarnos a la vida a pesar de las dificultades, no como las Santas o vírgenes que nos daban como modelos a imitar en nuestra infancia, sino como ejemplos vivientes y vividos de mujeres que se enfrentaron a dificultades y las superaron. Desde Hipatia, Sor Inés de la Cruz, Federica Montseny, Marguerite Yourcenar, a Rossi Braidotti, a nuestras propias abuelas. Cada una ha de construir su propia genealogía que le ayude a vivir.

Cada mujer debe iniciar también el propio proceso de autoconocimiento y debería aprender a saber cada vez más de ella misma, de su cuerpo y de su mente, y del saber de otras mujeres. El saber oculto de las mujeres, que han visto mucho pero que quizás no han podido expresarlo. Es necesario aprender junto con las “expertas” que como Anna Freixas, han dado un paso adelante para vencer los miedos, y para desvelar fantasmas: “Las explicaciones de la clase médica acerca de los cambios corporales  en la mediana  edad no suelen ser congruentes con el relato y la vivencia de las propias mujeres y, sobre todo, no ofrecen explicaciones y estrategias que socaven los miedos con que nos acercamos a la edad mayor. No se nos suelen ofrecer informaciones que sean útiles, que respondan a nuestras preguntas acerca de nuestra piel, de los sofocos, de esa molesta e incomprensible tendencia a engordar, sobre la memoria voladora y caprichosa que tanto tiempo nos hace perder, sobre qué pasa con nuestro esqueleto dolorido. No se nos invita a entrar dentro de nosotras mismas para ordenar un poco los muebles del pasado y disponer un presente en condiciones, a asumir la responsabilidad de nuestro propio bienestar, no sólo físico, sino también mental y espiritual”.

Las redes de asociaciones de mujeres y de profesionales sanitarias pueden ayudarnos a desvelar los mecanismos de opresión que tenemos dentro de nuestras mentes y que nos han limitado. Para renacer por nosotras mismas hemos de reconstruir la propia subjetividad. El encuentro con el deseo y el placer propios puede ser para muchas una novedad, pero es un buen camino para renacer. Debemos explorar el fin de la obligación y el inicio de la pasión. Explorar la propia sexualidad escondida bajo siete velos, y como dice Teresa de Lauretis, desarrollar una exploración colectiva de las variadas y múltiples diferencias que existen entre las mismas mujeres y que la misma sociedad patriarcal ha querido esconder bajo el término homogeneizador de Mujer.

Pero al mismo tiempo y con la vitalidad recuperada, el renacimiento por nosotras mismas debe desarrollar la exploración de la propia sensualidad, teniendo en cuenta que el estímulo de los propios sentidos[1], cada día, del olfato, del gusto, de la vista, del oído y del tacto, nos proporciona placer y da vida a las propias neuronas en nuestro cerebro. Las redes de mujeres sensuales y sensitivas que se reúnen para formar grupos de ayuda mutua, para compartir placeres, que disfrutan mientras estudian, planifican y proponen nuevas estrategias, pueden ser un buen recurso para renacer por nosotras mismas colectivamente, aunque los cambios en la mentalidad y en la organización de la sociedad sean todavía muy lentos. Recuperar el Deseo, por propia voluntad y en libertad, nos permitirá iniciar un camino hacia la vida y la salud para disfrutar sin límites patriarcales impuestos.


[1] En próximos números de la revista desarrollaremos cómo realizar talleres compartidos de estímulo de la sensualidad.

Carme Valls Llobet

Endocrinología, Médica de Perspectiva de Género

Médica Endocrinología, especializada en Perspectiva de Género. Directora Programa Mujeres, Salud y Calidad de Vida. CAPS