Urgencias de salud mental con perspectiva de género
En este estudio hemos analizado la atención a las urgencias psiquiátricas y de salud mental en el área asistencial correspondiente al Hospital de Cruces (OSI Ezkerraldea-Enkarterri-Cruces + OSI Barakaldo-Sestao + OSI Uribe), incluyendo una perspectiva de género que incluye una población de 550.000 habitantes durante un periodo de 3 años que se corresponde a los años previos a la pandemia COVID (2017-2019)
Dada la sorprendente escasez de estudios en biomedicina que incorporan en su diseño metodológico la perspectiva de género, el presente trabajo plantea la necesidad de incorporar dicha perspectiva y reflexionar acerca de las diferencias halladas tanto en la prevalencia de cada grupo diagnóstico como en la propia respuesta asistencial que se arbitra para cada una de ellas.
Del total de episodios analizados (n=9789), fueron atendidas en las urgencias de nuestro hospital un total de 6879 personas, de las cuales el 53.9% eran mujeres (n=3706).
Respecto a las principales características sociodemográficas analizadas, observamos que las franjas de edad con más episodios registrados correspondían en ambos sexos a aquellas comprendidas entre los 25 y los 54 años, con especial significación en los decenios correspondientes a loa 35-44 años y los 45-54 años, periodos que aglutinaron hasta el 40% del total de episodios (41.6% en mujeres y 42.2% en hombres). En rasgos generales, la edad media de las mujeres (47.5 ± 19.09 años) fue mayor que la de los hombres (45.37 años ± 18.05 años), alcanzando este resultado significación estadística (p<0.001).
En el caso particular de las mujeres, la mayor parte de los casos se agruparon en una franja de edad entre los 45-55 años, período que ha sido relacionado en la literatura científica con el debut de diversas enfermedades mentales como las psicosis o los trastornos depresivos. De hecho, estas patologías psiquiátricas han sido estrechamente relacionadas con la compleja interacción de un gran número de factores de riesgo tanto a nivel biológico (alteraciones genéticas y epigenéticas, alteraciones en los niveles hormonales), como a nivel social y ambiental (situaciones vitales estresantes, exposición a mayor precariedad laboral, violencia de género, escasa red de apoyo social y emocional), entre otros.
Otro de los factores sociodemográficos analizados y de gran relevancia ha sido Índice de privación socioeconómica MEDEA, que valora la mortalidad en áreas pequeñas españolas y Desigualdades Socioeconómicas y Ambientales como indicador socioeconómico proporcionado por el Servicio Vasco de Salud-Osakidetza. El índice de privación correspondería a las secciones censales correspondientes a la OSI-Ezkerraldea-Enkarterri-Cruces, OSI-Barakaldo-Sestao y OSI-Uribe-Kosta. Observamos que más de la mitad de la muestra analizada residía en áreas socioeconómicamente deprimidas. Existen múltiples estudios publicados que correlacionan los factores sociales y económicos como determinantes de la salud y de la salud mental.
De los resultados extraídos de nuestro estudio se desprende que existen perfiles clínicos mayoritariamente masculinos en nuestra muestra, como los trastornos por uso de sustancias (TUS) Las mujeres con drogodependencias siguen siendo un grupo minoritario, pero urge visibilizar la realidad de la adicción en las mujeres para poner en marcha recursos adaptados a las necesidades específicas en este grupo pues pueden estar también infravisibilizadas, infradiagnosticadas e infratratadas.
En nuestra muestra se piden más pruebas de imagen a hombres en TUS, 22% mujeres y 29% hombres que resulta estadísticamente significativo. No podemos realizar ninguna conclusión al respecto, pero podría estar relacionado con que los hombres muestran más conductas externalizantes en forma de conductas agresivas y disruptivas y que haya que descartar fracturas pidiendo pruebas de imagen. También se podría hipotetizar que vemos en el problema de abuso de sustancias de los varones una mayor gravedad y por ello, se piden más pruebas complementarias, mientras que a las mujeres se valoran los problemas de alcoholismo o drogas como menos relevantes, y por tanto menos susceptibles de pruebas complementarias lo que podría estar relacionado con sesgos de género en la atención médica.
Al considerar el sexo del paciente en relación a las principales categorías diagnósticas asignadas en la atención de las urgencias, observamos una sobrerrepresentación del sexo femenino en determinados grupos diagnósticos como Trastorno Mental Común. En el caso de las mujeres, estas engloban el 65% de los diagnósticos realizados dentro de los denominados grupos “Trastornos Neuróticos, Estresantes y Somatomorfos” (F40-F49, CIE-10) y los “Trastornos del Humor” (F30-F39, CIE-10). Más aún, cabe destacar que casi tres cuartas partes de los diagnósticos englobados en la categoría “Trastornos de la Personalidad” (F60-F69, CIE-10) y el 82,5% de los diagnósticos realizados dentro del grupo “Trastornos del comportamiento asociados a disfunciones fisiológicas (Trastornos de Conducta Alimentaria en casi el 100% de los casos)” corresponden al sexo femenino, aunque estas pacientes ingresan por urgencias en casos excepcionales ya que son derivadas de manera programada.
Encontramos que hay 3376 episodios de Trastorno Mental Común (TMC) en mujeres que corresponden al 65% son mujeres y de manera significativa hay una prescripción mucho mayor de ansiolíticos, tanto en el grupo de TMC (incluyendo ansiedad y depresión) cómo cuando se incluyen sólo los trastornos neuróticos, secundarios a situación estresante y somatomorfos (F40-48) persiste siendo significativa la mayor prescripción de ansiolíticos y sedantes a las mujeres, lo que implica que ante el mismo grupo diagnóstico se actúa de manera diferente entre hombres y mujeres siendo la prescripción más habitual en las mujeres desde los servicios de urgencias, llegando a pautar mayor número de fármacos también de manera significativa
Por último, podemos analizar el número de pruebas complementarias realizadas en urgencias y comprobar que, a los hombres, en términos globales, se les solicita más pruebas y en mayor número de pruebas de imagen, siendo estos datos estadísticamente significativos. De hecho, y en base a nuestros resultados, podemos decir que, ajustando el efecto según la edad y el nivel socioeconómico, los hombres presentan una mayor probabilidad de que se les solicite una prueba complementaria que a las mujeres (RP=0,811 (0,717-0,918)).
Enfocándonos en nuestra hipótesis, esta diferencia puede ser la consecuencia de que los hombres al no ser diagnosticados de depresión, ante los mismos síntomas, se piense en algún problema orgánico de salud y obligue a un despistaje por medio de pruebas. Por el único hecho de ser hombres se les considera candidatos a realizarse estas pruebas al ser percibidos como más graves, y descartar otras causas médicas que justifiquen el cuadro clínico. En el caso de las mujeres la presencia de sintomatología ansiosa se considera psiquiátrica de entrada, y, por tanto, subsidiaria de tratamiento ansiolítico y/o antidepresivo.
En cuanto a las tasas de hospitalización y al manejo de la enfermedad, las mujeres con Trastorno Mental Grave (Trastornos psicóticos y Trastorno bipolar) sufren mayores tasas de hospitalización y, además, son tratadas con más asiduidad con antidepresivos y tratamientos hipnóticos/sedantes.
El presente proyecto ha permitido obtener una foto del trabajo en urgencias de Salud Mental, así como dar luz a la realidad clínica del manejo psiquiátrico de aquellas/os pacientes que acuden a los servicios de urgencias hospitalarias, reflexionando sobre las práctica clínica y tratamientos de usuarias/os con patología en su salud mental en función del sexo de la/el paciente. En base a los resultados obtenidos, resulta imprescindible realizar futuras investigaciones, con el fin de poder correlacionarlos con otros aspectos sociales y económicos, tan relevantes para el desarrollo y mantenimiento de las patologías mentales, incluyendo otras intersecciones socio-ambientales como la clase social, estatus económico y la perspectiva de género.
Lo que estamos denominando trastorno mental común es un grupo de datos semiológicos y clínicos correlacionados entre sí, atravesada por otras variables biológicas, genéticas, neurofisiológicas, psicológicas y por variables sociológicas, que están atravesadas por el género. No se trata de una entidad natural, concreta y fragmentada, sino un grupo de diagnósticos en un contexto social y cultural determinado. La medicalización de las mujeres en estos trastornos objetivada nos ayuda a reflexionar sobre la necesidad de ampliar la mirada y ver a la enfermedad no como algo ajeno a la persona, sino que es necesario incluir lo biográfico, y el marco social y cultural en el que las mujeres estamos inmersas. Las mujeres parten de una situación de inequidad estructural en el que la interiorización de dichos valores tanto por las usuarias/os y por las/los profesionales que las atienden hace que los síntomas sean conceptualizados de una manera u otra. Lo que se ha entendido como síntomas en las clasificaciones no puede desligarse de lo social. En ese sentido los sistemas clasificatorios en situaciones sociales desiguales colocan a las mujeres como más vulnerables a depresión y ansiedad. Mientras que la reproducción y los cuidados sigue recayendo en la mitad de la humanidad las mujeres estarán más medicalizadas para soportar la carga. Es necesario visibilizar la realidad clínica y hacer más investigación con perspectiva de género.
En urgencias se imponen unas limitaciones en el tiempo de atención dedicado a las personas en situación de crisis o trastorno mental. Es importante por tanto una formación adecuada del staff sanitario incluyendo la perspectiva de género acompañada de una ratio adecuada de profesionales y una optimización de de recursos adaptados al perfil de la demanda que permitan desincentivar la prescripción de psicofármacos como recurso automático. La intervención política precisa de una actuación multinivel: formativo, asistencial, comunitario y de investigación, incorporando necesariamente la perspectiva de género a todos ellos.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Bacigalupe de la Hera, A., & Martín Roncero, U. (s.f.). Desigualdades sociales en la salud de la población de la Comunidad Autónoma del País Vasco. La clase social y el género como determinantes de la salud. Colección Derechos Humanos. Ararteko. ISBN: 978-84-89776-18-0
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Valls-Llobet, C. (2011). Mujeres, salud y poder. Barcelona: Cátedra.