Las mujeres no son objeto de comercio

Imaginemos por un momento que en pleno siglo XXI en cada país democrático que tiene como valor constitucional y derecho fundamental la igualdad, hubiera un cupo de hombres cuyo destino principal fuera satisfacer sexualmente a las mujeres, que la mitad de este grupo de hombres estuviera en situación de esclavitud o dependencia casi total del o la proxeneta, y la otra mitad no tuviera más opción para sobrevivir las personas de su familia sobre las que tuviera responsabilidades.

¿Cuál sería la respuesta del Estado? ¿Se diría que es el oficio más antiguo del mundo y que se aguanten o movilizaría todos los cuerpos y fuerzas de seguridad para liberar a estos hombres? ¿Habría un programa para que estos hombres pudieran salir de la prostitución? ¿Se les facilitaría una vivienda para poder dejar aquella en la que estaban en situación de prostitución? ¿Y una renta como la que perciben otros hombres al salir de prisión cuando han llevado un determinado número de años en ella? ¿Y habría algún programa para su inserción laboral?

Respecto de la salud física y psíquica de estos hombres ¿Se les pondría medios sanitarios parad su recuperación?

Esto es lo que pasa actualmente, con una sola diferencia, las putas son en su inmensa mayoría mujeres y niñas, y los puteros hombres.

Uno de los insultos más hirientes y frecuentes consiste en llamar a alguien hijo o hija de puta. El significado de esta expresión no es otro que la consideración que la persona a la que se dirige el insulto, no es considerada ni fruto del amor ni del deseo compartido sino fruto de un intercambio económico que niega a la mujer el tratamiento como ser humano para pasar a ser una simple “cosa”. Uno paga para tener a su disposición el cuerpo de una persona.

El sistema patriarcal ha estado basado en distinguir dos tipos de mujer, la que socialmente es considerada “mujer buena” que es la esposa, madre y cuidadora, frente a la “mujer pública” cuyo cuerpo está en el mercado masculino. A esta mujer pública se la nombra prostituta, aunque en aras a la puridad del lenguaje debería ser prostituida.

Este doble sistema de valoración de las mujeres, tiene como consecuencia, que los hombres han podido tener a una o sucesivas mujeres como esposas o compañeras de vida y múltiples e invisibles mujeres para su exclusiva satisfacción sexual a cambio de pagar un precio. El imaginario colectivo asume que en cada mujer están los dos tipos de mujeres, justificando de este modo la negación de la igualdad de hombres y mujeres.

La prostitución es un estigma para todas las mujeres, afecta a la dignidad a la libertad y a la seguridad de todas las mujeres (las mujeres que han sido violadas lo han sido por la misma consideración que tienen las mujeres prostituidas, ser vistas como objeto del que se puede disponer) y hasta tanto haya prostitución no podrá existir la igualdad de mujeres y hombres.

La línea divisoria entre trata y prostitución es tan imprecisa como la idea de que la prostitución se ejerce desde la libertad, si se  parte de un concepto de libertad estática todos los seres humanos nacemos libres, pero esta libertad como valor intrínseco de las personas no deja de ser una expectativa frente al contexto en el que se desarrollan los hombres y las mujeres, y son las circunstancias propia de cada persona, sus necesidades de supervivencia, o de las personas que dependen de ella, las que limitan, restringen o anulan su libertad de decidir. 

España es uno de los destinos del turismo sexual, y no deja de ser paradójico que a en el año 2015, gobernando el PP, se aprobara la modificación del Código Penal en el que se despenalizaba la explotación económica de la prostitución ajena, es decir del proxenetismo de personas adultas.

El abolicionismo, a diferencia del prohibicionismo, no rechaza ni menosprecia a las personas prostituidas, sino que establece medidas disuasorias tanto para los proxenetas como para los prostituidores, a la vez que pone al acceso de las personas prostituidas recursos como asistencia médica y psicológica, renta mínima, formación, recurso habitacional, entre otros, a la vez que seguridad para los familiares o allegados amenazados en el país de origen, en el caso de trata.

Son múltiples las razones para la abolición de la prostitución, entre otras, la manifestación de una convicción que apuesta por un futuro de igualdad de hombres y mujeres donde la prostitución de los seres humanos no tiene cabida. 

María Durán Febrer

Jurista abolicionista