Salud y trabajo un elemento esencial de la salud pública

Participar para visibilizar

Cuesta mucho hacer reconocer que las mujeres tienen problemas de salud laboral. Los hombres están más expuestos a situaciones extremas, excepcionalmente, y las mujeres a una sobrecarga cotidiana, pero el trabajo de ellos parece «tan pesado» que ellas, para compensar, tienen que trabajar más. Como si no se pudiera aceptar que una tonelada de plomo pesa lo mismo que una tonelada de plumas […] Existe un instrumento para hacerlo: escuchar a las trabajadoras.

Karen Messing Universidad de Quebec y exdirectora de CINBIOSE, Centre de recherche.  https://cinbiose.uqam.ca/le-cinbiose/

Ana María Sheifert Investigadora de CINBIOSE

Históricamente, la investigación y la práctica en salud laboral y en salud pública se han desarrollado en paralelo. Tradicionalmente el abordaje de la relación entre el trabajo y la salud se ha centrado en la evaluación y el control de los riesgos laborales utilizando enfoques similares a los de hace décadas (Harrison & Dawson, 2016; Peckham et al., 2017). Además, las condiciones de trabajo de las mujeres han sido menos investigadas, y los problemas de salud asociados se han diagnosticado y compensado con menos frecuencia que los de los de los hombres (Kortum, Evelyn & Olukoya, Adepeju, 2011).

Este enfoque tan limitado no es suficiente para entender la enorme influencia del trabajo sobre la salud y sobre las desigualdades sociales en la salud. Y es que, pese a su inclusión en modelos de determinantes y desigualdades sociales en la salud y su centralidad en la vida de las personas, el trabajo ha sido poco explorado en los estudios sobre las desigualdades sociales en la salud (Ahonen et al., 2018). Sin embargo, el trabajo, como determinante social de la salud y uno de los principales mecanismos ligados a las desigualdades, determina en gran medida la posición de las personas trabajadoras y sus familias en jerarquías sociales que son causas fundamentales del estado de salud: poder, ingresos, prestigio y conexión social.

Es necesario, pues, un nuevo paradigma que amplíe el foco de la salud laboral actual y lo dirija hacia el trabajo como fuente de salud y bienestar, y no solo como posible fuente de exposición a riesgos laborales (Artazcoz, 2019). La introducción del concepto de bienestar facilita la implicación de sectores distintos de trabajo y sanidad y de la población general y, por tanto, el trabajo intersectorial (Harrison & Dawson, 2016). En este nuevo paradigma debe incluirse el trabajo doméstico y de cuidado que, pese a la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, continúa siendo responsabilidad fundamental de ellas, en un contexto de insuficiencia de servicios públicos accesibles y de calidad para el cuidado de las personas dependientes. La sobrecarga de trabajo resultante se asocia con pobreza de tiempo, es decir, falta de tiempo propio debido a la cantidad desproporcionada de tiempo dedicado al trabajo remunerado y no remunerado, más frecuente en las mujeres y relacionada con múltiples problemas de salud como trastornos de salud mental, falta de sueño, sedentarismo, sobrepeso o diabetes, entre otros (Giurge et al., 2020).

Este giro debería considerar también el principio de salud en todas las políticas relacionadas con el trabajo, tanto en las empresas como a nivel poblacional, y el desarrollo de políticas intersectoriales ya que el impacto del trabajo sobre la salud depende, no solo de las políticas de trabajo, sino también de la gobernanza política y de las decisiones en otros sectores como los de la economía, familia o educación. Finalmente, esta visión más amplia del abordaje del trabajo y la salud requiere políticas de conciliación de vida laboral y familiar que no estén basadas en la premisa de que las mujeres son las responsables del cuidado de las personas dependientes, ya que esto las penaliza, tanto en el trabajo remunerado como en su salud y en su vida social (Artazcoz, 2019). En este sentido es necesario aumentar los servicios públicos a precios asequibles para el cuidado de niños y niñas de 0 a 3 años o los servicios públicos para el cuidado de personas dependientes como centros de día, ayuda domiciliaria y residencias para las personas con dependencia.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Ahonen, E. Q., Fujishiro, K., Cunningham, T., & Flynn, M. (2018). Work as an inclusive part of population health inequities research and prevention. American Journal of Public Health, 108(3), 306–311. https://doi.org/10.2105/AJPH.2017.304214

Artazcoz, L. (2019). Hacia un nuevo paradigma de salud laboral. Archivos de Prevención de Riesgos Laborales, 22(1), 5–6. https://doi.org/10.12961/aprl.2019.22.01.1

Giurge, L. M., Whillans, A. V., & West, C. (2020). Why time poverty matters for individuals, organisations and nations. Nature Human Behaviour, 4(10), 993–1003. https://doi.org/10.1038/s41562-020-0920-z

Harrison, J., & Dawson, L. (2016). Occupational Health: Meeting the Challenges of the Next 20 Years. Safety and Health at Work, 7(2), 143–149. https://doi.org/10.1016/j.shaw.2015.12.004

Kortum, Evelyn, & Olukoya, Adepeju. (2011). Gender, Work and Health. World Health Organization.

Peckham, T. K., Baker, M. G., Camp, J. E., Kaufman, J. D., & Seixas, N. S. (2017). Creating a Future for Occupational Health. The Annals of Occupational Hygiene, 61(1), 3–15. https://doi.org/10.1093/annweh/wxw011

Lucía Artazcoz

Agencia de Salud Publica de Barcelona CIBER de Epidemiologia y Salud Pública