Ciclo menstrual, salud reproductiva y trabajos

En la mayoría de los estudios de salud pública el ciclo menstrual ha permanecido invisible, como en la mayoría de los estudios de investigación médica, y ha estado absolutamente olvidado en la investigación en salud laboral, a pesar de que los problemas de salud derivados de las alteraciones de la armonía del ciclo menstrual han sido una fuente problemática de desigualdades en el trabajo.

En la Universidad de Edimburgo se ha realizado un estudio[i] en el año 2021 en el que se señala esta carencia en la investigación en salud laboral, siendo el ciclo menstrual una característica biológica diferencial, que acompañará la vida de las mujeres durante su vida reproductiva, que coincidirá en el tiempo con la mayor parte de sus vidas laborales. Los autores proponen un nuevo concepto denominado “blood work”, que podríamos traducir como “trabajo sangrando” para explicar la relación y los múltiples problemas que se plantean entre la menstruación y las alteraciones de salud ginecológica asociadas, y los trabajos de las mujeres. La traducción al español no es definitiva y aceptaríamos propuestas de las lectoras para afinar el concepto.

Las mujeres en edad menstrual no sólo han de trabajar teniendo en cuenta los factores de riesgo laborales que pueden afectar su salud, sino que lo han de hacer teniendo en cuenta los efectos que las variaciones hormonales que se producen durante el ciclo influyen sobre sus cuerpos y sobre sus condiciones de trabajo. Mediante un estudio cualitativo entre trabajadoras con un nivel alto de educación, se ha podido constatar que el “trabajo sangrando” comporta diversas dificultades que todas las mujeres han vivido en sus cuerpos y en sus vidas, ya que todas las mujeres en diversas formas son trabajadoras, a doble y triple jornada.

Las dificultades a las que se deben enfrentar se relacionan con la gestión del dolor menstrual y premenstrual, la inoportunidad de la presencia de la menstruación en los momentos álgidos de la carrera profesional, las pérdidas menstruales excesivas, el acceso rápido a productos de higiene, el enfrentamiento al estigma social sobre la menstruación y la casi obligatoriedad de mantenerla oculta y en silencio, y la necesidad de encontrar un equilibrio de todos estos aspectos con el trabajo cotidiano a realizar. Las y los autores sugieren que se deberán desarrollar políticas específicas de salud pública y de soporte en los lugares de trabajo para reconvertir la estigmatización en condiciones laborales más favorables que permitan mejores recursos de manejo de la higiene.

Sin embargo, el deseo de muchas de las trabajadoras encuestadas no es pedir la baja laboral si tiene dolor durante la menstruación, si no que, por el contrario, desean trabajar, examinarse, dar conferencias, y desarrollar con eficiencia sus trabajos profesionales, SIN DOLOR MENSTRUAL. El objetivo de los trabajos de investigación debería ser pues ayudar a equilibrar los ciclos con dismenorrea, en lugar de victimizar a la mujer por sus diferencias básicas además para la reproducción humana.

ALTERACIONES DEL CICLO SEGÚN DIVERSAS PROFESIONES

Aunque no existen estudios sistemáticos de alteraciones del ciclo en    diversas profesiones, sí hemos podido constatar, gracias a una profunda revisión bibliográfica realizada por el equipo de salud laboral del CAPS[ii], que donde se han realizado más trabajos de investigación sobre el ciclo menstrual es entre las profesiones sanitarias, quizás porque las mismas profesionales han estimulado que se hicieran más estudios sobre una realidad cotidiana e invisible.

Entre personal de enfermería[iii] se han constatado irregularidades del ciclo y aumento de la longitud? de los días de pérdida menstrual relacionada con las condiciones de trabajo y en especial con los turnos de noche. Sabemos que la secreción de melatonina tiene gran relación con el equilibrio de las hormonas hipotalámicas e hipofisarias que regulan el ciclo menstrual. Los turnos de noche como el insomnio crónico afectan la armonía del ciclo en las mujeres en edad reproductiva. Los turnos de noche se han relacionado con una disminución de la edad en que se presenta la menopausia, por debajo de los 45 años[iv]. Ya en estudios realizados hace años se habían encontrado alteraciones del ciclo menstrual entre enfermeras que tenían que trabajar con fármacos antineoplásicos, con menstruaciones más largas, más dolorosas, y con mayor pérdida de sangre. Estas enfermeras debían trabajar sin ningún tipo de protección individual, y con equipamiento con cámaras de flujo laminar en presiones negativas[v]. En la actualidad la gran mayoría de fármacos antineoplásicos se producen con técnicas de industria farmacéutica, y se supone que en condiciones de mayor seguridad en su preparación[vi].

Las profesionales relacionadas con la agricultura y la ganadería tienen mayor incidencia de alteraciones en el ciclo menstrual entre las mujeres. La exposición a organofosforados aumenta la irregularidad del ciclo[vii]. Las profesionales de la peluquería presentan mayor incidencia de alteraciones del ciclo y de cáncer de vejiga de orina[viii].

La presencia de Síndrome Premenstrual que se caracteriza por la presencia de síntomas días antes de la menstruación, como malestar, hipersensibilidad mamaria, irritabilidad, cambios de humor, labilidad emocional, nerviosismo, y cefaleas con frecuencia migrañosas, se ha observado en Corea, en un 7% de personal sanitario y un 9% de trabajadoras sociales[ix]. En el estudio realizado por CAPS[x] y la fundación Galatea del Colegio de médicos de Barcelona sobre la salud de médicas y médicos de Catalunya, encontramos que era el grupo laboral que presentaba un 68% de síndrome premenstrual y dismenorrea, la prevalencia más numerosa de las publicadas, y un número de abortos espontáneos mayor respecto a la población de la misma edad. Se considera la profesión de medicina como un factor de riesgo para la salud reproductiva.  Son necesarios más estudios para evaluar la salud menstrual en relación con las condiciones de trabajo de las diferentes profesiones. Asignatura pendiente como tantas otras de la investigación médica de las mujeres.

SALUD REPRODUCTIVA Y TRABAJOS.

En la relación de salud reproductiva y trabajo existe la misma falta de evidencias que sobre el ciclo, aunque sorprende que sean países asiáticos como China, Corea e Indonesia, lo que más han investigado en esta área de la ciencia. Por ejemplo, un estudio realizado entre trabajadoras de Indonesia muestra que un 45% tuvo problemas de salud durante el embarazo y un 16% abortos espontáneos. Los factores de riesgo laborales asociado a alteraciones durante el embarazo han sido la exposición a las vibraciones, a sustancias químicas ambientales irritantes y al trabajo repetitivo[xi].

La exposición laboral a mercurio afecta la salud reproductiva por alteraciones en el semen de trabajadores y por alteraciones del ciclo y del embarazo[xii]. En relación al mercurio se han descrito alteraciones del ciclo, dismenorrea, y pubertad precoz. Durante el embarazo incremento de hipertensión y eclampsia gravídica, y de niñas y niños con bajo peso al nacer y mayor número de malformaciones congénitas. Las dentistas y auxiliares de odontología estuvieron muy afectadas por efecto de la exposición laboral al preparar amalgamas de mercurio que se debía calentar ya que los vapores son más tóxicos, hasta la década de 2000-2010 en que se ha abandonado su uso.

Los primeros protocolos del impacto de los factores psicosociales en el trabajo y las alteraciones del ciclo y la fertilidad se publican en el año 2022[xiii].

Y también son importantes los trabajos que estudian la combinación de factores de riesgo ambientales y personales, como el de Fox en 2021[xiv], que pueden tener consecuencias tanto para enfermedades cardíacas y cáncer, como por producir alteraciones de la menstruación y del ciclo menstrual. Es mucho lo que falta por investigar en relación a la salud laboral de mujeres y hombres y los factores específicos que afectan en especial a la salud menstrual y reproductiva de las mujeres, pero es importante dejar constancia de los avances que ya están publicados y estimular nuevas investigaciones.


I. Babić, Ž., Macan, M., Franić, Z., Hallmann, S., Havmose, M. S., Johansen, J. D., John, S. M., Symanzik, C., Uter, W., Weinert, P., van der Molen, H. F., Kezic, S., Turk, R., & Macan, J. (2022). Association of hairdressing with cancer and reproductive diseases: A systematic review. Journal of Occupational Health, 64(1), e12351. https://doi.org/10.1002/1348-9585.12351

II. Departament de Treball de la Generalitat de Catalunya. (2022). Salud laboral y género.

III. Fox, M. A., Niemeier, R. T., Hudson, N., Siegel, M. R., & Dotson, G. S. (2021). Cumulative risks from stressor exposures and personal risk factors in the workplace: Examples from a scoping review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(11), 5850. https://doi.org/10.3390/ijerph18115850

IV. Kumar, S., Sharma, A., & Sedha, S. (2022). Occupational and environmental mercury exposure and human reproductive health: A review. Journal of the Turkish-German Gynecological Association, 23(3), 199–210. https://doi.org/10.4274/jtgga.galenos.2022.2022-1-7

V. NIOSH. (2016). NIOSH list of antineoplastic and other hazardous drugs in healthcare settings, 2016 (DHHS [NIOSH] Publication No. 2016-161). U.S. Department of Health and Human Services, Centers for Disease Control and Prevention. https://www.cdc.gov/niosh/docs/2016-161

VI. Rahman, F. S., & Martiana, T. (2020). Pregnancy disorders in female workers at the industrial area of Sidoarjo, Indonesia. Journal of Public Health Research, 9(2), 1815. https://doi.org/10.4081/jphr.2020.1815

VII. Sang, K., Remnant, J., Calvard, T., & Myhill, K. (2021). Blood work: Managing menstruation, menopause and gynaecological health conditions in the workplace. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(4), 1951. https://doi.org/10.3390/ijerph18041951

VIII. Sasaki, N., Imamura, K., Watanabe, K., Hidaka, Y., Ando, E., Eguchi, H., et al. (2022). The impact of workplace psychosocial factors on menstrual disorders and infertility: A protocol for a systematic review and meta-analysis. Systematic Reviews, 11(1), 188. https://doi.org/10.1186/s13643-022-02042-4

IX. Shortridge, L. A., Lemasters, G. K., Valanis, B., & Hertzberg, V. (1995). Menstrual cycles in nurses handling antineoplastic drugs. Cancer Nursing, 18(6), 439–444. https://doi.org/10.1097/00002820-199512000-00006

X. Song, S., Choi, H., Pang, Y., Kim, O., & Park, H.-Y. (2022). Factors associated with regularity and length of menstrual cycle: Korea Nurses’ Health Study. BMC Women’s Health, 22(1), 349. https://doi.org/10.1186/s12905-022-01933-1

XI. Stock, D., Knight, J. A., Raboud, J., Cotterchio, M., Strohmaier, S., Willett, W., et al. (2019). Rotating night shift work and menopausal age. Human Reproduction, 34(3), 539–548. https://doi.org/10.1093/humrep/dey393

XII. Valls-Llobet, C. (2011). Mujeres, salud y poder. Barcelona: Cátedra.

XIII. Zhang, Y., Ji, L., Hu, Y., Tse, L. A., Wang, Y., Qin, K., et al. (2020). Exposure to organophosphate pesticides and menstrual cycle characteristics in Chinese preconceptional women. American Journal of Epidemiology, 189(5), 375–383. https://doi.org/10.1093/aje/kwz273

XIV. [CAPS]. (s.f.). www.caps.cat.

Carme Valls Llobet

Endocrinología, Médica de Perspectiva de Género

Médica Endocrinología, especializada en Perspectiva de Género. Directora Programa Mujeres, Salud y Calidad de Vida. CAPS