Cosas que pasan. La mirada de las otras

No hay forma más eficaz de regresar a un momento o a un lugar del pasado que escribirlo. Es aún más efectivo que una música o un olor. Es como acercar una lupa o poner la película a cámara lenta: los detalles se agrandan. La única condición para que funcione es no apartar la vista si lo que surge no concuerda con la historia que siempre nos habíamos contado; no negarlo.

Esto es lo que yo estoy haciendo desde hace tres años, escribir una novela cuya arcilla básica es mi propia adolescencia y juventud. Voy en busca de los recuerdos marginados, aquellos sistemáticamente excluidos del relato oficial porque resultaban incoherentes con el resto (casi siempre por demasiado buenos). Los rescato y los pongo en relación con los otros a ver qué sale, y salen un montón de cosas nuevas, un montón de comprensiones inesperadas: a veces difíciles, a veces felices, a veces las dos cosas a la vez, y se apodera de mí la fantasía omnipotente de que puedo llegar a comprenderlo todo.

Dos o tres veces al mes me reúno con dos amigas escritoras y nos leemos lo que estamos escribiendo, y cuando me toca a mí leerles el siguiente capítulo, a pesar de mis hallazgos de los que estoy tan orgullosa, ellas casi siempre ven algo que yo no he visto. Por ejemplo, no paran de decirme que esa chica (yo) era valiente, cuando siempre me he sentido una cobarde; otras veces me preguntan por qué soy tan dura con este o aquel personaje, y me veo obligada a preguntármelo yo también. Todo esto es lo bueno, lo malo es que destruyen sin darse cuenta mi fantasía: adiós certezas, adiós tierra firme que creía definitivamente ganada al mar. Comprendo resignada que si dentro de diez años volviera a poner la lupa de la escritura para trasladarme a esa misma época, el relato sería distinto otra vez, vería nuevas conexiones, tal vez desecharía algunas de las que ahora me deslumbran, y mis amigas también verían, si tuvieran la paciencia de volver a escucharme, nuevos aspectos que yo no habría captado.

La versátil e inabarcable realidad nos lo pone muy difícil a las que buscamos reposar sobre verdades absolutas.

Margarita López Carrillo

Activista feminista de salud